Sábado 18 de abril 2020.

Actualizado: abr 19

Lectura del santo evangelio según san

Marcos (16,9-15):


Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.


Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».




Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón.


Ante el problema que nos afecta de coronavirus, escuchamos múltiples teorías de su propagación, creación y métodos para luchar contra la pandemia. Estamos atentos a la evolución e inclusive vemos con esperanza las distintas investigaciones que buscan desesperadamente una cura contra el mal. Creemos o queremos creer que esto es cierto.

Sin embargo, ante la acción, ayuda o presencia del Señor resucitado en nuestra vida, nos cuesta creerlo o descubrirlo en nuestras vidas.

Hoy hace 7 días que celebramos la Pascua, donde Jesús ha vencido al mal y durante toda la semana hemos meditado como Jesús va a los suyos para acompañarlos y devolverles la esperanza y la paz.

¿Y nosotros? ¿Y yo? Ya me encontré con ese Jesús que va a la casa de los amigos, al sepulcro o por el camino?

No puedo pensar que esta experiencia sólo fuera para un puñado de personas, sólo vemos unos cuantos casos los evangelios, pero San Juan también afirma que :

" Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían".


Es aquí donde debemos detenernos un momento y distinguir entre la creencia de la resurrección hace 2000 años, o por el contrario, si yo ya he experimentado ahora la resurrección en mi vida, en esta Pascua.

Cuando Jesús les echa en cara la incredulidad y dureza de corazón. ¿No estaré yo en ese grupo? Si realmente lo hemos experimentado, tendríamos que estar llenos de paz y esperanza, que es el fruto que vemos en los que tuvieron este encuentro, es el fruto de la resurrección.

Creer es aceptar sin pruebas racionales la verdad de la resurrección, y este acto de fe, me lleva a encontrarlo, descubrirlo, inundando mi corazón de una alegría interior en donde los problemas que enfrento nunca más me robarán la paz y la esperanza. Es necesario para nosotros esta experiencia porque sin ella no podremos ir a anunciar el Evangelio a los demás. El evangelio se anuncia con la vida, lo trasmitimos con nuestra experiencia, pero si no la tengo, ¿podré convencer a los demás de esto?

Los hombres buscamos desesperadamente tener un poco de paz y sosiego, y esto lo encontraremos de verdad cuando descubra esa presencia que me sale al encuentro del Señor. Es entonces cuando podré anunciar, "!Es verdad Ha resucitado!".




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