Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos.

Evangelio de Mateo, 10 16.


«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. «Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre. «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por en


cima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos! «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna..¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza


están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos."

No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.


No siempre sabemos aplicar los consejos evangelios en nuestra vida. Poner en orden nuestro juicio y nuestra voluntad al tomar decisiones, no es tan simple. Jesús habla de vivir la astucia, a la manera de los hijos de las tinieblas, sin descuidar la mansedumbre, a ejemplo de las palomas. Lo cual no significa más que poner en juego todas nuestras facultades en orden al fin último: la voluntad del Padre. Los dones que hemos recibido son para dar gloria a Dios y servir a los demás, empezando por aquellos que tenemos a nuestro cuidado. Hay que poner los medios necesarios, sabiendo que el esfuerzo diario, el sacrificio personal y la entrega generosa de uno mismo, son los cauces que, incluso apelando a una legítima justicia, han de ejercitarse cara al mundo.

No podemos actuar ante los demás con una ingenuidad simplista e irresponsable. Si algo tenía claro Jesús era poner a cada uno en el sitio que le correspondía. La astucia del Evangelio se refiere también a ese no dejarse avasallar por la prepotencia de otros, cuando está en riesgo la salvación del alma, y saber ponernos en el lugar justo, para vivir con responsabilidad nuestra misión de hijos de Dios. Y pon la otra mejilla cuando se trate de la justicia por el Reino de los Cielos, es decir, cuando hayas de renunciar a tu orgullo o soberbia por ganar almas para Dios. Por tanto, en el orden humano, sin perder nunca nuestra unidad de vida, hemos de emplear todo lo necesario para realizar el auténtico bien común.

Vivir la virtud de la prudencia es armonizar el entendimiento (que me capacita para distinguir el bien y el mal) con la voluntad (poner por obra el mayor bien posible). Y esto, en los pequeños detalles del día a día, en los que he de cuidar mi rectitud de intención, si quiero actuar con la prudencia de los hijos de Dios, siempre consiente de que Dios me cuida, inspira y protege. Estamos en medio de lobos, pero tenemos al Espíritu Santo, que nos lleva.

Dos cosas son fundamentales: estar a la escucha de estas inspiraciones buscando siempre el bien, y nunca permitir que el miedo me haga actuar incorrectamente. Nosotros valemos mucho, Dios lo sabe y Él nunca nos dejará.

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