Miércoles 29 de abril 2020




Libro de los Hechos de los Apóstoles.


Ese mismo día, se desencadenó una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban y lo lloraron con gran pesar. Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia; iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a la cárcel. Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra. Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.




Por qué Dios permite la maldad?


Ante el sufrimiento, el dolor y la injusticia, surgen dudas y nos planteamos muchas preguntas: ¿Por qué Dios permite la maldad, incluso en contra de sus planes? ¿Por qué las bendiciones no son iguales para todos? ¿Por qué prosperan los malvados? Si Dios es bueno, ¿por qué no ha minimizado el sufrimiento y maximiza el gozo?

Las respuestas a estas preguntas se escapan de nuestro entendimiento. Aun así, si vemos la Biblia, podemos ver que Dios ha usado el mal y el sufrimiento como instrumentos para llevar a cabo sus propósitos.


La lectura de hoy nos habla de la violenta persecución que se desató contra la primera comunidad y ésta hace que comiencen a huir de Jerusalén. La encomienda de Cristo era que la palabra de Dios saliera a las naciones, algo que no ocurrió hasta después que Esteban, un hijo fiel de Dios fue apedreado por confrontar a otros con sus pecados.

Hablar de la fidelidad a Dios y su voluntad en tiempo de bonanza, es muy fácil, ser fiel a Dios cuando está de por medio la salud, bienestar o economía, no lo es.


¿Por qué Dios permite esta pandemia? el virus no distingue y mucha gente buena y sencilla sufrirán por ello. Todo esto sólo lo podemos aceptar desde la fe, porque no existen razones humanas que nos lo expliquen. Dios no se gloría en el mal, sino que lo utiliza para un bien mayor.

El mismo Dios quiso sufrir una muerte , y muerte de cruz, y es a través de la cruz que llega la resurrección. El hombre de hoy huye de la cruz, nos hemos querido convencer que esta vida sólo es para gozar y ser felices, quisiéramos que esta vida fuera la gloria del cielo y cuando nos visita el dolor nos revelamos contra él.


Como dice la imitación de Cristo: "Jesús tiene muchos amantes de su Reino pero pocos que lo ayuden a llevar su cruz. Muchos tienen que desean sus consuelos pero pocos que aceptan las dificultades. Encuentra múltiples compañeros de banquete pero pocos para la austeridad. Todos buscan gozar junto con Él pero pocos quieren soportar algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta repartir el pan pero pocos para tomar la copa de su pasión. Muchos quieren a Jesús mientras no suceda nada adverso."


Jesús me invitó a tomar la cruz y negarme, no me complazco en el dolor o sufrimiento, sino que estos, cuando se presentan en la vida, pueden llegar a producir una gran transformación en el alma, hacerme crecer y transformar mi vida siguiendo las huellas del Señor. De nada me sirve saber el porqué de este dolor, sino más bien, ya que lo sufro, en que me puede ayudar para crecer y despojándome del hombre viejo, y así surja la figura de Jesús en mí. Son las dificultades las que nos ayudan a crecer, teniendo claro que nunca seré tentado por encima de mis fuerzas, y que la gracia del Señor está conmigo. Dios no me ha abandonado. Yo, imitándole vivo mi pasión como Él la vivió, con la diferencia que Él estuvo solo, y yo la vivo con Él.

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