Mateo 12, 13. Extiende tu mano.


"Jesús pasó de allí y se fue a la sinagoga de ellos. Había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en sábado, para poder acusarle. El les dijo: «¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.»"

"Entonces dice al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida, sana como la otra. Pero los fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo eliminarle.



Es lícito hacer bien en sábado.


Entrando un día en la Sinagoga se topó el Señor con un hombre que tenía una mano seca y paralizada. Los fariseos aprovecharon la ocasión para sacarle el tema del descanso sabático y poder acusarle de faltar a la Ley de Moisés. Debió de impresionarle al Señor aquella mano, viendo cómo un solo miembro muerto inutilizaba la actividad de todo el cuerpo y restaba vida a aquel pobre hombre. Así era también la Ley en la que se apoyaban aquellos fariseos: seca, sin vida, enferma de parálisis, incapaz de sanar y tocar lo más profundo del corazón humano. En los inicios inicios, el Padre había creado al hombre como mano suya, como co-creador y dueño de una creación recibida como don y tarea.

Se agolparon en el corazón del Señor demasiadas emociones como para no curar la mano seca de aquel hombre y devolver así la vida a todo el cuerpo. No podía permitir el Señor, precisamente en sábado, que aquel miembro siguiera sin vida. Tampoco quería que un día hubiera ningún hombre con partes muertas o paralizadas por una norma que condena hacer el bien.


Jesús ve al hombre enfermo, los fariseos el modo de acusar a Jesús sin ver a la persona.

Nosotros también corremos el peligro de fijarnos en normas reglas o asuntos que pierden de vista a la persona y su enfermedad, sea del cuerpo o del alma, del bien que toda norma debe de buscar.

El hombre tenía la mano paralizada, los fariseos el alma paralizada por la dureza del corazón.

Esa persona quedó curada, los fariseos no, buscando la forma de eliminarlo.

No podemos perder de vista al "hombre" que nos rodea, buscando siempre un bien, por encima de intereses gustos o dificultades, entonces estaremos ayudando a ser colaboradores de su creación.

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