La mirada de Jesús.


Además de por su modo de hablar y actuar, podemos conocer a una persona por su manera de mirar.

La mirada expresa alegría, tristeza, ira, impotencia, dolor.....; y podemos conocer a la persona sólo por la forma que nos mira.

Jesús veía las cosas ordinarias, y miraba la belleza de la creación, el amor del Padre, la debilidad de la oveja perdida. Veamos sólo unos ejemplos de su mirada.


  • Los fariseos.

En el evangelio de Marcos, cap. 3 , Jesús tiene un desencuentro con los judíos por la cuestión de curar o no a un hombre que tenía la mano paralizada en sábado. Ante la pregunta: ¿Qué se puede hacer el sábado, el bien o el mal?

Ellos callan porque no quieren ver lo que deben hacer, y buscan una excusa para acusarlo de violar el sábado. No importa el enfermo, no importa a quien se ayuda, no importa nada, solamente si hace un bien a una persona, rompiendo una regla menor, por un bien mayor.

"Mirándolos con indignación y con tristeza". El enojo que siente Jesús, ante un corazón que no quiere ver la oportunidad que Dios le da, debe ser una mirada tremenda. Todo un Dios indignado y entristecido ante el hombre que no acepta la salvación, la gracia, la oportunidad de encontrarlo y descubrirlo. Ellos estaban muy cómodos con sus normas y preceptos en donde ellos juzgaban quién es digno o no de la ayuda del Señor. No es ante un pecador que cae por debilidad sino ante el que se cierra a la gracia, y ya en su corazón juzgan, condenan y rechazan la oportunidad que Dios les da a ellos. El milagro no sólo sería para el hombre con la mano paralizada, sino que Jesús quería también quitarles la parálisis que tenían en el corazón, duro como piedra; pero ellos no quisieron, y salieron para planear cómo acabar con Jesús.


  • El Joven rico.

En el evangelio de Marcos cap. 10, Jesús tiene un encuentro con un joven que llega y se postra preguntando qué debe hacer para ganar la vida eterna; Jesús le dice que cumpla los mandamientos, y el joven le responde que lleva tiempo cumpliendo con todo. El evangelio hace hincapié en la mirada de Jesús. Lo miró con amor. Para que el evangelista haya notado esto tendría que ser una mirada profunda, de una increíble dulzura, con una profundidad infinita, algo que no se podrá olvidar jamás, que le da sentido a cualquier sacrificio y seguimiento, y por ese amor que expresó el Señor lo invita a la perfección, le ofrece un lugar entre los suyos, le abre la oportunidad de ser de sus íntimos, sólo debe dejar sus riquezas, y él lo rechaza. Prefiere sus riquezas y se marcha lleno de tristeza, en donde creo que toda la vida le seguirá esa mirada de amor, primero, y luego de tristeza ante el rechazo.


  • Pedro.

Seguramente que las miradas de Jesús y de Pedro se cruzaron muchas veces, pero hay una del todo particular, porque es la última y en una situación límite; La mirada de Jesús ante la negación de Pedro. Pedro acababa de negar y renegar de Jesús... "En aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor... Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente" (Lc 22, 60-62). ¡Imposible entrar en el misterio de ese cruce de miradas! Pedro seguro de sí mismo, nunca pensó que sería capaz de negarlo. La mirada no era de reproche o de ira, sino de tristeza, desilusión, pero también de comprensión. ¿Qué experimentó Pedro ante la mirada? Se sintió descubierto, sí, pero no condenado. Más que de reproche, la mirada de Jesús era de hacerle ver lo débil que era. Una mirada dolorida, porque el amor nunca es indiferente ante la infidelidad, pero sobre todo fue una mirada acogedora y compasiva, porque «el amor no lleva cuentas del mal» (1 Cor 13, 5). A la luz de esa mirada, Pedro, en un instante, releyó toda su vida, no sólo aquel momento y lloró, pero no desesperó. Aquella mirada le hizo renacer; se dejó mirar así y esto le salvó. A diferencia de Judas, quien rechazando a Jesús no lo miro en el huerto, «fue y se ahorcó» (Mt 27, 5). La mirada de Jesús es siempre una oportunidad. Dice la tradición que durante su vida, Pedro derramó incontables lágrimas por esta traición, pero fue gracias a la mirada de Jesús que pudo sobreponerse y cumplir con la misión que el Señor le encomendó.


  • Yo mismo.

Si yo tuviera que expresar cómo me mira el Señor, ¿qué diría?

¿Cómo me ve el Señor, en este momento, con dulzura, con alegría, con tristeza?

Sólo una persona que ha mirado a los ojos al Señor y ha experimentado su mirada, podrá saber, según sus obras cómo le mira el Señor.

En nuestra vida, con tantos planes, idas y venidas, es importante que tenga presente esta mirada, para saber si estoy en el camino que el Señor me ha marcado.

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