Jueves Santo, 9 de Abril 20202

Actualizado: abr 13


Evangelio según san Juan


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»

Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»


¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?


Cuando una persona se va y deja a su familia, cuando está enfermo y sabe que va a pasar a la casa del Padre, cuando dejas a alguien sabiendo que no lo volverá a ver en mucho tiempo, los últimos momentos que se pasan con ellos son de singular importancia. No es una despedida cualquiera, no es algo que mañana se reanuda, y por lo tanto queremos aprovechar cada minuto, cada gesto, conservamos sus palabras como algo especial, que guardamos celosamente en el corazón. Dice el Evangelio, que Jesús "sabiendo que iba al Padre", es decir que era su última cena con sus discípulos, quiso dejar más con hechos que con palabras el corazón de su enseñanza. Ellos no lo entendían, y tal vez nosotros en ocasiones no acabamos de comprender lo trascendental de estos gestos que hizo Jesús para ellos y nosotros. Corremos el peligro de pasar rápidamente sin detenernos a meditar cada gesto del Señor. No les avisa a los discípulos, es algo que nunca lo ha hecho, lo tenía guardado para este momento especial con ellos, y sin decir palabra, se levanta, se quita el manto y se pone a lavar los pies a los discípulos. Este gesto era propio de esclavos, por eso Pedro se niega a que Jesús lo haga con él.


Lavar los pies a los discípulos, a cada uno de ellos. Le lava los pies, al traidor, al que lo niega, a los que le abandonan. No busca nada para sí, se reconoce como maestro y Señor: "lo soy", y les manda " debéis hacer lo mismo ". Servir a una persona que amo, es fácil. Servir, a una con quien tengo poca relación pero necesita mi ayuda, tal vez lo haga, pero lavar los pies a cualquiera, sea el que sea, se convierte en una tarea gigantesca, que requiere una dosis de fe y humildad enorme, y sin embargo, Jesús no lo sugiere, no dice si queréis, sino utiliza el verbo deber, que no acepta matices. Es necesario, es un deber hacerlo con los demás.

Muchas veces ante los problemas, diferencias o inclusive faltas de otros a nosotros, perdemos de vista este mandato. Tenemos presente la ofensa antes que a la persona, y esto nos impide servirlos. Si mantenemos presente el gesto del Señor, si realmente fuera una obligación, estaríamos sirviéndonos unos a otros. Si viviéramos de cara al Señor y no a nosotros mismos nuestra vida sería un continuo servicio. Servicio según las obligaciones que cada uno tiene, pero buscando ayudar, limpiar o sanar al que tengo enfrente. Esto es muy difícil, se hace cuesta arriba, pero si el Señor nos lo pide es algo que debo hacer. Es el camino que Él quiere que siga para ser realmente discípulo. Servir es el camino que el Señor eligió para sí y sus discípulos y ahora nos toca a nosotros seguir esa senda que Él nos marcó.

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