23 de mayo 2020. Jesús sana al siervo de un centurión.

Actualizado: may 24



Jesús sana al siervo de un centurión

Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó

diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»

Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.»

Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.

Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.»

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.

Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,

mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.


Anda; que te suceda como has creído.


Desde que Pompeyo pisara suelo judío, los romanos bregaron por hacerse con aquel territorio. La resistencia de sus habitantes duró casi dos siglos. Para los judíos, los romanos eran sus enemigos que sojuzgaban al pueblo y les robaban todos los bienes, no podía haber ningún tipo de relación con ellos porque eran una afrenta al mismo Yahvé.


Cuando el centurión (que era un mando militar con 80 soldados a su cargo) pide ayuda a Jesús, muchos de sus seguidores no comprendieron que el Maestro ayudara al enemigo, el responsable del sufrimiento del pueblo.


Pero también era inconcebible que un romano pidiera ayuda a un judío. En el evangelio vemos al centurión que se acerca a Jesús para pedir su ayuda, se expone a un rechazo casi seguro y más para ayudar a un criado.

Este hecho insólito significaba que el centurión era un hombre que creía en el poder del Señor, se acerca para humildemente rogar y lo hace por un siervo, es decir alguien que en términos prácticos no tenía ningún valor.


Cuando Jesús quiere ir a curarlo, el centurión le dice que no hace falta, "di sólo una palabra y mi siervo sanará", Jesús maravillado comento: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre".


La fe, no sólo es creer que existe un Dios, sino es reconocer la grandeza de ese Dios y la debilidad del que pide, reconoce su pequeñez y la propia indignidad. Ruega, se basa no en los méritos propios sino a la misericordia y bondad de quien concede; la fe me impulsa a rogar, no a exigir; la fe te lleva a exponerte al rechazo por no ser merecedor de lo que se pide. La Fe me hace vencer las dificultades hasta llegar a presentar mi súplica, donde me expongo a que se me niegue.


La fe del centurión, era una fe de un hombre humilde, que pide no para sí, sino para el que sufre, no importa quien sea, y ruega para que el Señor ayude a otro, sin importar que sea un esclavo o un familiar, se fija no en la condición social del enfermo sino en el dolor del enfermo. Es una fe, que lo lleva a actuar, a exponerse y humillarse por el bien de los demás. Sabe que no es digno que Jesús entre en su casa, "no soy digno", no te pido que vengas, sólo que me ayudes, no tengo nada que ofrecer en compensación; se sabe que es nada ante la grandeza de Jesús. La fe que logra la curación del siervo y nos muestra el camino a seguir, para conseguir de Dios lo que pedimos.

Que sea como has creído dice el Señor. En base a esto, ¿cuánto hemos conseguido en nuestra vida? Porque ahí está la medida de mi fe.




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