Evangelio 4 de Abril 2020

Actualizado: abr 7


Santo evangelio según san Juan : En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo. Palabra del Señor


¿Qué hacemos?

Ante los hechos, los peligros los problemas se nos presenta esta pregunta que se hicieron los fariseos ante los milagros de Jesús. Ya no había duda, sabía que hace milagros, hace curaciones, es mas es la resurrección de Lazaro, lo que provoca esta pregunta ¿qué hacemos?

Y es en este momento que yo también tengo que preguntarme: ¿qué hacemos? ¿qué hago?

Jesús era el Mesías, hacia signos, pero ellos perderían su poder, su fuerza y temían la destrucción de su comodidad.

¿Qué hago ante esta pandemia,? ¿en quién pienso? En mí, mis intereses, o en lo que Dios quiere. Tenían los judíos 3000 años esperando al Mesías, era su esperanza y cuando llega la oportunidad de seguirlo, por no dejar su mundo prefieren matarlo. Tal vez nosotros no pensemos en matar a nadie, pero en cuantos momentos me elijo a mí mismo, en cuantos momentos solo pienso en lo que yo quiero, en lo que a mí me aflige, en l que a mi me importa y dejamos de lado lo que Dios quiere. Es verdad que sin darse cuenta profetizo Caifás, sin ver el plan de Dios, que Jesus moriría por su pueblo, pero ellos se buscaron así mismos, ellos pensaban sólo en ellos.

En estos momentos, después de 2 semanas, encerrados, sin salir, recibiendo las noticias, preocupado por el futuro, por el dinero, por el trabajo, ¿en quién pienso? En mí, o en lo que Dios quiere. Pienso en hacer más fácil la vida a los que están junto a mí? En consolarlos, en acompañarlos, en servirlos?

Hay cosas que yo cargo, me preocupan e inquietan, pero es cuando seguimos el consejo de Jesús: “el que quiera ser mi discípulo, que se niegue a si mismo, que cargue su cruz y me siga”, es cuando nos negamos a nosotros mismos y buscamos el bien de los demás.

No es fácil responder a esta pregunta, cada uno según sus posibilidades y posición actuarán de modo distinto, no existe una sola respuesta, pero la clave es la da la Voluntad de Dios. Sabiendo que esa Voluntad me incluye, que Él también piensa en mí y los míos, y porque creo firmemente, porque confío, busco hacer su voluntad. No se que va a pasar, no sé como saldremos, pero no estoy solo y Él piensa en mi, me cuida y me da su gracia para seguir, haciendo lo que está en mi mano, y dejando el resto a Él.

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