14 de mayo 2020. El Amor de Dios

Actualizado: may 16


Jesús dijo a sus discípulos:

«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»

Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»


Permanezcan en mi amor.


El pilar fundamental del hombre, de la sociedad, de la vida es el amor, centro y base de todas las filosofías, religiones y principios de sabiduría que nos rigen desde que el mundo es mundo.

El aprecio a uno mismo y a los demás es la forma más vigorosa y pura, es el amor incondicional que disfruta más al dar que al recibir.


Toda la Escritura es una proclamación del amor de Dios por el hombre, desde el inicio de la creación todo manifiesta el amor que Dios tiene por las creaturas, pero de modo especial por el hombre al crearnos a su imagen y semejanza y ofrecernos la salvación.

Ese amor se refleja de modo especial en la encarnación del Verbo, que viene a mostrarnos el rostro de Dios, nos ofrece un camino de perfección y nos redime a pesar de nuestras limitaciones y caídas.

Jesús nos manifiesta su amor no sólo con palabras, sino con hechos, y nos revela que el amor que tiene el Padre por el Hijo, es el mismo que Él experimenta por nosotros.


Dios nos crea, nos redime, nos da el don de ser hijos suyo y nos ofrece toda una vida de dones y gracias hasta que un día estemos en la eternidad junto a Él.

Dios no nos exige nada, nos invita, nos ofrece, nos ayuda y nos abre la posibilidad de experimentar el amor que nos tiene.

En el evangelio que leímos, nos encontramos en la última cena, Jesús les anuncia a los suyos que va morir, es la despedida, y sin embargo es Él el que ofrece esperanza, paz. Los discípulos están turbados y desconcertados cómo si fueran ellos los que van a padecer.

Nos invita a permanecer en su amor, nos muestra el camino, pero nos deja libres para seamos nosotros los que decidamos hacerlo.

Con frecuencia se confunde el amor con un sentimiento, en ocasiones tiene esta expresión, pero el amor es sobretodo renuncia a uno mismo y entrega al otro.

Jesús se entrega, da la vida por unos hombre que le van a abandonar, negar o vender, y sólo pide, no que se de la vida, sino que se cumplan los mandamientos para tener vida.


Muchas veces sentimos afecto, cariño o inclusive amor por alguien más; sin embargo, si ese amor no se hace obras, o por el contrario, si lastimo o hago daño a esa persona, mi amor es una quimera, es falso.

Jesús nos da un mandamiento nuevo, que encierra todos los mandamientos: "que se amen los unos a los otros como Yo los he amado".


Lo primero que hay que resaltar: Es un mandamiento. Es decir me obliga, no me da opción para elegir, si quiero ser discípulo tengo la obligación de cumplirlo. Será imperfecto, con matices y muchas veces con limitaciones, pero la voluntad debe ser cumplirlo y corresponder al amor de Dios. Jesús no me pide que haga lo que Él ha hecho; Él se entregó a la muerte, a mi me dice solamente que cumpla este mandamiento.


En segundo lugar: me pide que ame a los demás, no pone condiciones, amar a los demás, es hacerles el bien. No sólo a los que me aman sino a todos, independientemente que ellos me devuelvan ese amor, no importa si lo merecen o no. No se trata de tener sentimientos por personas que ni conozco, sino de hacer el bien a personas a todas las personas, por amor a Dios. Nunca por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia hacer daño a otros, ni siquiera por haber recibido algún mal, esta es mi respuesta al amor de Dios que yo recibo.


En tercer lugar: El amor que Dios me pide, debe ser como el amor que recibo: "como Yo los he amado". Es importante que cada uno nos detengamos un momento a meditar cómo ha sido el amor que Dios me ha tenido. Siempre me perdona, me ayuda, me guía, me consuela, me fortalece, me guía, etc... Ese es el amor que me hace de verdad discípulo del Señor, y es ese amor el que me abre las puertas del Reino de Dios.

El amor que Dios quiere es un amor que se realiza todos los días, que siempre es nuevo y que me acerca cada día a la perfección.

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