Domingo de Resurrección, 12 de abril 2020.

Actualizado: abr 13




Del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado»


Cuando hemos experimentado la pérdida de un ser querido, el peligro ante lo desconocido, la impotencia y el temor ante un futuro sombrío, nos invade una oscuridad y un deseo de huir del dolor, la tristeza o el miedo. Buscamos razones lógicas que nos den seguridad, tomamos medidas que quizá puedan ayudar, y sin embargo, es muy difícil encontrar la paz y la esperanza que nos devuelvan la estabilidad y tranquilidad en nuestra vida. Los discípulos de Jesús, después de experimentar la pérdida del maestro, se encontraban hundidos, no sólo por no tenerlo, sino por no saber a dúnde ir. Con la muerte de Jesús, sus planes, proyectos y esperanzas se perdieron. Estaban en peligro, pensaban que ellos eran los siguientes en la lista, y huían. Salían de Jerusalén y se dirigían a Emaus, Iban discutiendo, se harían todas las preguntas que nosotros nos hacemos cuando nos visita el sufrimiento, y sin saber cómo, descubren que alguien camina junto a ellos, pero no saben quién es. Iban llenos de tristeza, con una sensación de fracaso y de impotencia ante lo sucedido. Ante la pregunta de Jesús: "¿qué ha sucedido? ". Ellos sólo hablan de los hechos q pasaron el jueves y viernes. Saben lo que dicen las mujeres pero no lo creen. Se quedan anclados en el dolor y no son capaces de salir de esa oscuridad ante lo incomprensible del evento, porque ellos esperaban otra cosa.

Jesús les va explicando las escrituras, ellos sin darse cuenta, van cambiando mientras caminan y su corazón, que estaba roto y lleno de amargura, empieza a recobrar la luz, el fuego, la esperanza.

¿Cuántas veces Jesús habrá caminado conmigo?¿ cuántas veces me ha acompañado cuando me siento sólo y sin esperanza?¿ cuántas veces me ha querido explicar que mis caminos no son los suyos? Los discípulos respondieron a la pregunta que les hizo, es Jesús el que da el primer paso, pero ellos responden, empiezan a hablar, y es en el camino que poco a poco empiezan a cambiar.

También Jesús va caminando conmigo, pero no siempre le respondo, ni le hablo, ni me abro a escucharlo. Cuando llegan a Emaus, Él hace ademán de seguir adelante. Él no se quedara si no es invitado a entrar a la casa. a mi casa, le dicen "quédate con nosotros porque es tarde y pronto oscurecerá". Quédate con nosotros para que cuando llegue la noche sepa que estás conmigo, de mi depende la invitación, Él respetará lo que yo le diga, se ira o no, si yo así lo deseo. Jesús se queda y le reconocen al partir el pan, se les caer la venda de los ojos, se dan cuenta que Él estaba desde el inicio junto a ellos.


En ese momento, regresan a Jerusalén, ya no hay miedo, tristeza o angustia, han comprendido que Jesús a resucitado a vencido el mal y con Él no hay nada que temer. Regresan con un corazón ardiendo, como nosotros debemos de caminar, sabiendo que el Señor a vencido el mal y con Él todo lo puedo.

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