9 de mayo 2020.

Actualizado: may 10



Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: Tranquilícense, soy yo; no teman.

Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».

Ven, le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?.

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios.


«Señor, sálvame».


Jesús acababa de realizar el milagro de alimentar a 5,000 hombres, con tan solo unos cuantos panes y peces, y quería pasar un tiempo a solas en oración, le pidió a los discípulos que subieran a una barca para zarpar al otro lado del mar de Galilea.

Los discípulos, tal vez desconcertados y cansados partieron al otro lado del mar, haciendo caso al Señor, dejándolo en tierra.

No era una noche tranquila, había viento y las olas azotaban la barca, y ellos trataban de alcanzar la orilla, pero era difícil, parecía que no avanzaban por más que se esforzaran en remar.

Ya de madrugada, cansados, ven algo que se acerca, no distinguen que es, hay poca luz y ellos están agotados por el esfuerzo, ven una figura que va hacia ellos.

Tiene que ser un fantasma, piensan, y se llenan de miedo sin saber qué hacer y sólo atinan a gritar aterrados.

Era Jesús.

Él les dice enseguida: ¡Ánimo soy yo, no teman!

Creo que muchos hemos tenido esta experiencia. Trabajamos, nos esforzarnos, nos entregamos buscando con mucha decisión lograr un objetivo o resolver una situación difícil, y no avanzamos.

No pocas veces nos hemos encontramos con el viento contrario, y cada día parece que estamos más lejos del objetivo. Nos ronda el desaliento, surge la idea de abandonar, llegamos a dudar al no ver los frutos de tanto trabajo, me parece cada vez más difícil. Y Junto a esta lucha surgen otros inconvenientes, parece que todo se complica, sintiéndonos solos con una carga tan pesada.

Es ahí donde tengo que descubrir la figura de Jesús que viene a mí, nunca me deja y tengo que tener la seguridad de que, si soy de sus discípulos, vendrá a mí, no para asustarme sino para darme ánimo en mi lucha, con la seguridad de que viene a acompañarme y Él me ayudará a vencer todas las adversidades.


Los discípulos no acaban de creer que sea Jesús, y Pedro lo reta. Sí eres Tú, mándame caminar sobre el mar. ¡Nadie se había atrevido a tanto! Pidiéndole una prueba de que sea realmente Él. Le pide que haga un milagro para que Pedro se convenza, y Jesús accede.

Le dice: Ven.

Pedro sabe que él no puede caminar sobre el agua, pero que Jesús tiene el poder de hacerlo, y al concedérselo Pedro no duda, baja de la barca y va hacia Jesús. Camina sobre el mar, pero se da cuenta lo que está haciendo, deja de ver a Jesús y pone su atención en las olas y el viento, no en el poder de Jesús, y se empieza a hundir.

Se llena de miedo y grita, Señor sálvame.

Jesús ante la solicitud de ayuda, enseguida lo toma de la mano y lo sostiene.

quisiera detenerme un segundo en la secuencia de los hechos:

  • Si eres Tú, mándame ir a Ti.

  • Ven

  • Dejó de ver a Jesús, y se intimida ante las olas y el viento

  • Se hunde

  • Grita desesperado: Señor sálvame

  • En seguida Jesús lo toma y sostiene

Cada uno de estos momentos son importantes para nuestra vida, pero tal vez no hemos llegado al último punto, nos hemos quedado en alguno de los otros.

Presento mi súplica, y en su nombre sorteo los problemas y dificultades sin dejar de verlo, no importa lo duro o difícil que sea la situación que vivo, poner mi atención en el Señor para no hundirme; y si en algún momento lo pierdo de vista y empiezo a hundirme, pedir su ayuda para que me sostenga, por encima de lo que esté viviendo, pedir su ayuda, dejarme tomar por Él.


Jesús, después ya a salvo, le recrimina: hombre de poca fe, ¿Por qué has dudado? y le enseña y nos enseña, que Él siempre estará con nosotros y que la fe debe ser más grande que cualquier problema, por el es nuestro Dios y Señor.



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