8 de junio 2020, Bienaventuranzas.

Actualizado: jun 9


Evangelio según San Mateo 5,1-12.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: "Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."


Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios.



Si alguno se hace la pregunta: ‘¿Qué hay que hacer para convertirse en un buen cristiano?’, aquí encontramos la respuesta de Jesús que nos indica cosas “tan contracorriente” respecto a lo que habitualmente “se hace en el mundo”.


Sería muy largo meditar en todas las bienaventuranzas, cada una amerita una reflexión profunda que nos tomaría bastante tiempo. Me quisiera centrar en una de ellas. "La pureza de corazón".


Ahora intentemos profundizar en por qué esta bienaventuranza pasa a través de la pureza del corazón. Esto es así porque nuestro corazón concentra al ser humano en su totalidad y unidad de cuerpo y alma, su capacidad de amar y ser amado.

Jesús, en el evangelio de mateo dice :"Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo".

Cada uno tiene que aprender a descubrir lo que “contamina” el corazón, formarse una conciencia recta y sensible, capaz de «discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto».


Es erradicar el pecado en cualquiera de sus formas, luchar contra las dificultades y tentaciones que se nos presentan todos los días, y dejar el corazón sólo para Dios. Entonces Dios lo llenará con su presencia, y podremos descubrirlo en todos los acontecimientos de la vida, inclusive en las dificultades y las cruces que cargamos, ahí podremos mirar a Dios, en la gracia que nos da, en la sabiduría, en su fuerza y fortaleza, veremos a Dios en cada hombre que está cerca de nosotros.

El Señor quiere encontrarse con nosotros, quiere dejarnos “ver” su rostro.

Descubrir el camino de la oración, como santa Teresa que describió como «"tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama"» Por eso, es vital orar, saber que podemos hablar con Jesús, con el Padre, con el Espíritu Santo, como se habla con un amigo, y no un amigo cualquiera, sino el mejor amigo.

También encontrarse con el Señor leyendo frecuentemente la Sagrada Escritura. Dejar que la Palabra de Dios hable a los corazones, que sea luz para nuestros pasos.

El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la biblia y en la vida fraterna nos ayudará a conocer mejor al Señor y a nosotros mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús: la voz de Jesús hará arder el corazón y abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para nuestras vidas.


Esta bienaventuranza toca muy de cerca la vida y es una garantía de la felicidad.

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