7 de mayo 2020

Actualizado: may 8

Del santo Evangelio según Marcos 5,1-20



En aquel tiempo Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con fuerte voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.» Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.» Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.» Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan junto a Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.» Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.


El encuentro con Jesús.


Dios es siempre quien sale al encuentro del hombre, Él es quien toma la iniciativa, aunque en ocasiones pensemos que fueron los hombres, nosotros, quienes nos acercamos a Él, es Él quien se ha hecho el “encontradizo” con nosotros, propiciando este encuentro. Pero no siempre ese encuentro hace que el hombre lo siga, lo descubra, y vemos que tristemente hay hombres, que ante el encuentro, le rechazan o le piden se que marche.


En el evangelio del endemoniado de gerasa, es el endemoniado el que viene al encuentro, pero para pedirle que se marche, porque no tiene nada que ver con Él. Jesús le ordena al demonio, "sal de él". Es llamativo cómo el endemoniado le reconoce como hijo de Dios, le reconoce su poder y se somete ante el Mesías, y le suplica, que al menos le deje entrar en una piara de cerdos, lo que Jesús permite, entrando en ellos, y así se precipitan al mar y se ahogan.


Los porqueros anunciaron lo sucedido, y la gente que se acercó llena de miedo, vieron al endemoniado ya vestido y sano; y viendo el milagro que hizo Jesús, le rogaron que se fuera. Su atención estaba puesta en los cerdos o en su valor, y no al milagro realizado.

Ese endemoniado vivía atemorizando a la gente, vivía lastimándose y lastimando a los demás, nadie le podía sujetar, y sin embargo ellos, a pesar de verlo sano y vestido, rechazan a Jesús. Jesús estaba entre ellos, le podrían haber presentado a sus enfermos, lo podrían escuchar, pedirle ayuda, un consejo, y sin embargo le piden que se marche.

Habían perdido mucho dinero con la muerte de los cerdos, pero ahora Jesús les podía anunciar la redención, la paz, la confianza, y sin embargo no lo quieren.


Dios se vale muchas veces de males -la pérdida de los cerdos- para dar sentido, ayuda, consuelo, apoyo a los hombres, pero también como en este pasaje, el hombre, se fija en los cerdos, y no en lo que puede pedir, en lo que ofrece el Señor.

Jesús no se resiste, se da vuelta y sube a la barca, y nunca más vuelve a esa tierra, perdieron esa oportunidad.

Como dice San Agustín " Teme a la gracia de Dios que pasa y no vuelve".


En ocasiones Dios permite el mal en mi vida, pero siempre busca mi bien, nunca hacerme daño, sino más bien, mi liberación y mi paz. Ahora depende de mi respuesta ante esto, como en el evangelio, la respuesta del endemoniado es seguir a Jesús, ya lo liberó y él quiere seguirlo, lo contrario de la gente, que lo quiere lejos de ellos, prefiriendo sus puercos y no escuchar la voz de Dios.

En la situación que nos toca vivir ahora, el mal nos ha visitado, Dios lo ha permitido y es ahora donde tengo que decidir, si descubrir lo que el Señor me ofrece, o por el contrario lamentar la pérdida de los bienes y dejar que el Señor se marche de mi vida.


Jesús quiere al endemoniado en la Decápolis, con los suyos, con su familia, conocidos y ahí que predique lo que Dios ha hecho con Él.

Dios me quiere aquí, para que anuncie con todos los míos lo que le Señor me ha dado, lo que ha hecho por mí; quiere que les hable de Él, y les cuenta la maravilla del encuentro con el Señor, para que también ellos puedan ser liberados de la esclavitud del pecado.





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