6 de mayo 2020.

Mc 4, 35-40

Este día, al atardecer, les dice: « Pasemos a la otra orilla.

Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: « Maestro, ¿no te importa que perezcamos? » El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: « ¡Calla, enmudece! » El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe? . Se quedaron espantados, y se decían unos a otros: "Pero, ¿quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen.






¿Por qué estáis con tanto miedo?


Hay experiencias en la vida que nos llevan al límite cuando nos sentimos superados por los problemas y no acertamos o no podemos resolver, y está en peligro hasta la propia vida, nos invade el terror que nos deja paralizados a merced del miedo.


El evangelio que acabamos de leer, nos narra una experiencia de este tipo. Jesús se embarca con los discípulos para cruzar el mar de galilea. No sería la primera vez que lo hicieran, y además muchos de ellos eran pescadores, y se sabían manejar en medio de la mar. Mientras se realiza la travesía, Jesús se queda dormido dejando a los discípulos que dirijan la barca. también iban otras barcas queriendo cruzar, y de algún modo se acompañaban hasta llegar a su destino.


De repente se levanta la borrasca y grandes olas golpeaban las barcas, parte del agua iba entrando en ellas con lo que se ponían en peligro de hundirse. Algunos de ellos estaban tratando de sacar el agua que entraba, mientras otros dirigían la barca a tierra firme luchando ferozmente contra el viento y las olas; y mientras esto pasaba, Jesús dormía.


La inmensa mayoría de nosotros hemos tenido ésta experiencia, tal vez no en el mar, pero sí de luchar, de intentar una y otra vez, de salir de algún problema, dificultad o traición, y sin embargo sentir que nos hundimos.

En mi vida hay momentos que me invade el cansancio, desaliento, desilusión y frustración de ver que por más que intento resolverlo, cada momento es peor, que el problema se agiganta y no soy capaz de salir adelante dándolo todo por perdido.


Ellos llevaban a Jesús, podían recurrir a Él.

¿Qué sentirían los de la otra barca ante la tormenta? ¿Qué podían hacer?¿A quién podían recurrir si estaban solos ante el peligro? ¿Quién los podría ayudar? Esta experiencia tendría que llenarlos de frustración y tristeza, al verse tan débiles sin saber qué hacer ni a quién pedir ayuda.


Los discípulos que llevan a Jesús recurren a Él, ya desesperados y le increpan si no le importa que mueran. Es su forma de pedir ayuda, despertar al maestro y pedir que los socorra, pero ellos no piensan en Jesús, piensan en ellos, no lo despiertan para protegerlo sino exigiendo su intervención para salvarlos.


Jesús increpa el viento, y ordena al mar que calle. Y todo calla.

Se hace un silencio en la noche en donde sólo la figura de Jesús se levanta imponente; y ya en silencio, les echa en cara su poca fe. Jesús hace una relación directa entre el miedo y la falta de fe. No le molesta que le despierten, ni siquiera la forma de pedirle su ayuda, sino su poca fe. El peligro era real, el cansancio, la tormenta, y a pesar de eso, les dice: "¿Por qué estáis con tanto miedo?"


En mi vida, ante las tormentas que me tocan; ¿Las vivo con calma, con paz, o por el contrario el miedo me invade? ¿La desesperación y frustración me hacen dejar de ver a Jesús que va en mi barca, que me acompaña, sabiendo que estoy en sus manos, y con Él todo lo puedo?, porque no hay nada ajeno que me pueda hundir si Él va conmigo.

No podemos dejar de ver a Jesús en nuestra vida, tal vez no lo sienta, no lo perciba con los sentidos, pero sé que me acompaña, yo buscaré hacer mi mejor esfuerzo, me entregaré a remar sin tregua, lucharé contra las adversidades, viviré con mi fe puesta en Él sabiendo con certeza que aquí lo tengo y que con Él todo lo puedo.

Lo único que no puedo permitirme es que se baje de mi barca.















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