5 de julio 2020.

Actualizado: jul 6

"Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un

solo codo a la medida de su vida?

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal."



Una de las emociones más difíciles de manejar es la incertidumbre, el miedo al futuro, el temor a que sucederá próximamente.

Ya es algo normal en el mundo de hoy, hay síntomas de ansiedad, de nerviosismo, síntomas de angustia y preocupación motivados por el temor a lo que sucederá próximamente. Es normal querer tener certidumbres, certezas de lo que sucederá, sentir la seguridad y la tranquilidad de saber lo que va a ocurrir, pero siento decir que eso no es posible, no es posible tenerlo todo bajo control.


Jesús, que conoce nuestra naturaleza, lo sabía y nos da la respuesta ante esto, la confianza en la Providencia, la presencia de Dios en nuestra vida.

El mundo de hoy tan autosuficiente, materialista ha querido responder a esto, sin embargo, para nosotros cristianos hay un camino, creer en Dios y seguir sus pasos, con la certeza de que "todo se nos dará por añadidura".

Si somos creyentes en un Dios personal, que me atiende, escucha, acompaña, tengo la seguridad de que Él sabe lo que necesito y me dará aquello para seguir adelante.

No se trata de no tener problemas, sino de saber que el Señor atenderá mi ruego ante el peligro, la necesidad o las dificultades.

La invitación que nos hace es muy sencilla, buscar el Reino de Dios, es decir, vivir haciendo el bien, practicando la justicia, ayudando al que está junto a mí, y Dios que es un Padre saldrá al paso cada día de todo lo que voy necesitando.

Por otro lado, sabemos que la vida está llena de momentos buenos y momentos difíciles, no todo lo podemos controlar, hay tantas circunstancias que sería imposible tener todo en orden, para nosotros es imposible pero no para Dios.

Sólo nos pide: estar cerca de Él, vivir su evangelio, hacer el bien y nos asegura que todo se nos dará por añadidura.

Ya nuestra vida presente es difícil y complicada, si nosotros agregamos posibles problemas, nuestra existencia se hace insoportable.

Cuando se presenten estas cosas, Él estará con nosotros, nos dará aquello que necesitamos para salir adelante.

Para esto es necesario tener mucha fe, y eso ya depende de nosotros, de orar, meditar y hablar con Dios, entonces el Padre que está en los cielos vendrá para que podamos seguir adelante en medio de todo.

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