5 de agosto. La cananea.

Actualizado: ago 14

Evangelio según San Mateo 15,21-28.


Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron:

"Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros". Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!". Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada


"Mujer, ¡qué grande es tu fe!"


El evangelista nos dice que el Señor intentaba pasar desapercibido en aquella región. La razón para que el Señor no quisiera que se supiera de su estancia allí, tendría que ver seguramente con su propósito de descansar e instruir a sus discípulos lejos del agobio constante de las multitudes.
Sin embargo, todos sus esfuerzos por esconderse resultaron inútiles, porque su fama se había extendido también incluso en este territorio pagano, y una mujer escuchó de su presencia y fue hasta donde estaba.
Sobre esta mujer no sabemos casi nada, era una pagana, o tal como Mateo la describe, "una mujer cananea", tenía una hija endemoniada. Ella vino a Jesús pidiéndole ayuda porque lo que más amaba en el mundo estaba bajo el control del diablo.
La mujer no estaba rogando por sí misma, sino para conseguir una bendición a favor de su hija, percibimos también su insistencia y constancia en sus ruegos. Ella seguía a Jesús y sus discípulos dando voces, lo que llegó a ser del desagrado de los discípulos .
Este es la única sanación que Jesús negó a alguien, ya había curado al ciervo del centurión, nunca preguntaba la procedencia de los enfermos, curó al endemoniado de Gerasa, que era pagano, ¿por qué primero la ignora, mientras ella insiste, y luego cuando la mujer le suplica le niega la curación?

Los discípulos por su parte querían que la atendiera, no por compasión, sino para que ya no les siguiera; sin embargo, Jesús responde que no, que Él ha sido enviado a los judíos.
Ella insiste, se postra ante Jesús reconociendo y suplicando la ayuda, pero Jesús lo vuelve a negar, recordándole a la mujer que era pagana (los judíos llamaban perros a los paganos), pero insiste, reconociendo sus pocos méritos y su condición de "perro", ante esta muestra de humildad, fe y constancia, Jesús le concede el milagro.
Es algo a tomar en cuenta cuando nos acercamos a suplicar al Señor su ayuda: insistir, aunque no tengamos respuesta, humildad, consciente que no tengo méritos propios, y que todo es gracia de parte de Dios, que lo que tengo y lo que soy, sólo depende de Él, y que mis méritos no ameritan su favor, y la fe; una fe que le lleva a conseguir el milagro para su hija.
Si todos nosotros pidiéramos como esta mujer probablemente conseguiríamos muchos favores de parte del Señor.


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