4 de julio 2020. el Señor es mi pastor.

Actualizado: jul 6


Salmos, 23


"El Señor es mi pastor: nada me falta; en verdes pastos él me hace reposar. A las aguas de descanso me conduce,

y reconforta mi alma.


Por el camino del bueno me dirige, por amor de su nombre. Aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo con tu vara y tu bastón, me dan seguridad.


La mesa has preparado para mí frente a mis adversarios, con aceites perfumas mi cabeza y rellenas mi copa.


Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dura mi vida, mi mansión será la casa del Señora por largos, largos días."




El Señor es mi pastor.

El libro de los salmos ha tenido siempre un encanto especial para los creyentes de todos los tiempos. En ellos encontramos las experiencias de los creyentes que vivieron en medio de la maldad de este mundo.

La confianza con la que David se refiere a Dios como "mi Pastor". Se sentía parte de su rebaño y bajo su protección, manifiesta que confiaba en la bondad solícita de Dios para asegurar todo lo necesario, tanto en el presente como en el futuro.

En el Salmo, la provisión divina incluye cosas tan variadas como alimento y bebida, descanso, protección, restauración, compañía, aliento, dirección, consuelo, gozo, felicidad y gloria.

Dios conoce nuestras circunstancias y las dificultades por las que atravesamos en la vida, y podemos estar seguros de que a su tiempo nos conducirá en su sabiduría y bondad hasta su gracia reparadora.
Este es el descanso que los hombres buscan inútilmente fuera de Dios.

Hoy en día vemos también a muchos insatisfechos, agitados y sin descanso. En estos casos, el problema no es que Dios ha fallado como pastor, sino que la oveja se ha alejado de la comunión con Él. No es extraño que perdamos nuestro descanso cuando correteamos de acá para allá, siguiendo los caprichos y las fantasías de nuestro corazón. La única forma de recuperar la paz perdida es volviendo al Señor.

Él "restaurará mi alma" o "reparará mis fuerzas".El Señor nos renueva desde el espíritu, algo que va mucho más allá de un mero alivio.
Dada nuestra naturaleza caída, no sólo necesitamos que el Señor nos alimente; desgraciadamente también pecamos, perdemos la paz, nos encontramos en un estado de permanente ansiedad, malhumorados... todos estos son síntomas de que necesitamos ser restablecidos urgentemente y sólo Él lo podrá hacer.
Todos nosotros atravesamos situaciones oscuras y peligrosas en esta vida en las que necesitamos de la protección y el ánimo del Señor. Como ovejas estamos siempre expuestos a múltiples peligros, pero a pesar de nuestra debilidad, encontramos fuerzas y ánimos en Cristo.
Con frecuencia la incertidumbre sobre el futuro es más difícil para nuestra fe que la presión por algún mal presente. El Pastor, en los momentos difíciles se coloca al lado de la oveja para atravesar por un lugar difícil.
La única razón válida para no temer a la muerte y a las dificultades que puedan surgir en nuestro caminar por esta vida se encuentra en el hecho de que el Señor está con nosotros. Él tiene todos los recursos necesarios y está a nuestro lado.
La protección y dirección que como ovejas necesitamos, "tu vara y tu callado", las encontramos en el Señor, guía, y corrección para no desviarnos.
Cuando pensamos en que Dios nos invita a su casa, esta es una idea que nos sobrecoge.
Sentarse juntos a la mesa es poder recibir la eucaristía. Es un buen momento no sólo para compartir alimentos, sino sobre todo amistad y comunión.
La invitación a la casa de Dios, no se trata de algo ocasional, para unos días. No, Dios no nos trata como si fuéramos algún conocido al que invita a pasar un día. Él quiere que estemos por toda la eternidad en su casa.

Cuando el salmo habla de la copa llena a rebosar, se trata de la plenitud de las bendiciones de Dios que estaba recibiendo.
El Señor no sólo quiere darnos vida, sino "vida en abundancia".
El anfitrión no considera acabada su tarea cuando el banquete había llegado a su fin. Para continuar nuestra vida nos ofrece "el bien y la misericordia", que permanecerán entre nosotros y los adversarios, de modo que éstos nunca lleguen a hacernos daño.
El bien para proveernos de cuanto necesitemos en el camino, y la misericordia para perdonar nuestros pecados.
Nosotros también deberíamos anhelar el comenzar a vivir así en la casa de Dios en este tiempo, sabiendo que Él va con nosotros.

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