3 de junio 2020. Renueva el don de Dios.

Actualizado: jun 4

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,1-3.6-12.

Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús, saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones. Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.

No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia, de la cual he sido constituido heraldo, Apóstol y maestro. Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado.


Revive el don de Dios recibido.



Como ya sabemos, Pablo se encontraba encarcelado en Roma, y todo le hacía suponer que iba a ser ejecutado en poco tiempo. Estando en esas condiciones escribió a su amado hijo Timoteo para advertirle de algunas cosas que estaban pasando en el presente y de cuáles iban a ser las características de los tiempos que estaban por llegar en el futuro. Y aunque el panorama que se cernía sobre ellos era ciertamente sombrío, ante la imposibilidad de verlo, y sabiendo los problemas que existían en las diversas comunidades, escribió a su joven colaborador Timoteo para exhortarle y animarle a en la misión encomendada.



1. Reavivar el don de Dios.


El gobernar una comunidad siendo tan joven, le ocasionó no pocos problemas. Las quejas, diferencias y limitaciones de construir y mantener esa pequeña grey, además de la cantidad ingente de trabajo, no parece dar el fruto esperado, el desaliento y cansancio se hace presente en la vida del apóstol. A pesar del esfuerzo y dedicación, parece como si no supiera o no pudiera hacerlo.

Eran tan fácil cuando Pablo estaba con él, y ahora surgen los problemas, las dudas y el temor de no poder guiar esa comunidad. Se ha ido olvidando poco poco de la fuerza de la gracia recibida, y trata de conquistar con sus propias fuerzas a esas personas encomendadas, en definitiva: se ha olvidado de Dios. Por eso Pablo le pide que reavive, renueve el don recibido, que lo medite y confíe en la gracia de Dios y su poder.

Dios cuando te encarga algo, te da la gracia para sacarlo adelante, pero se requiere una vida interior firme, una renovación continua de la vida de la gracia, una vivencia diaria de los sacramentos y la oración, que te da la fortaleza necesaria para seguir adelante, viviendo la presencia de Dios cada día.

Por el don recibido no cabe el miedo, ni el fracaso. Habrá dificultades, es cierto, pero con la fuerza de Dios todo saldrá adelante, a pesar de los obstáculos y las cruces encontradas, sin importar los enemigos del evangelio que tratarán de perseguirlo, la respuesta sólo es de paz, sencillamente sin aspavientos ni resentimientos o rencores.


2. No te avergüences de dar testimonio de Dios y de Pablo.


Predicar la buena nueva en una ciudad griega, donde imperaba la riqueza, el comercio, los lujos y la vida hedonista, no era fácil. Mostrar cómo vivir las enseñanzas de Jesús para un joven sin experiencia en un mundo sofisticado, dominado por el raciocinio y la falta de fe, podía crear algún complejo y temor de anunciar a los habitantes de Éfeso la novedad del evangelio.

Por eso San Pablo lo exhorta a no avergonzarse de dar testimonio, a pesar de las burlas y críticas; sin importar el rechazo recibido, sin "encajar" en un mundo sofisticado y mundano, pero necesitado del evangelio. Ser fiel al mensaje recibido sin importar cuantos lo acojan, o peor, si se recibe humillaciones y rechazos, como lo experimentados por los fieles a Jesús.


Lo mismo que Timoteo, hoy no es fácil ser testigo, y con frecuencia existe la tentación de avergonzarnos de ser de los discípulos. Recibiremos no pocos rechazos, burlas y críticas por no pertenecer al mundo, por ser "fieles", sin perder de vista que somos de Jesús, que Él nos ha llamado a vivir plenamente buscando una vida de perfección en medio de las dificultades, donde no hay otro camino que seguir sus huellas sabiendo que ha destruido la muerte, que ha vencido el mal, soportando con entereza toda clase de dificultades para mayor gloria de Dios.





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