29 de julio. Juan Bautista.

Evangelio según San Mateo.

En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos". Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".

Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta. El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista". El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.












El testimonio de Juan el Bautista.



Juan el Bautista había sido asesinado con el pretexto de que Herodes tenía que respetar su juramento.

Cuando Herodes oyó sobre la predicación de Jesús, inmediatamente sintió un temor supersticioso. Había hecho asesinar a Juan el Bautista y entonces asoció a Juan con el Señor. Creyó que Juan había resucitado de los muertos y se puso frenético, queriendo eliminar completamente a Juan, no fuera vengarse de él.

Herodes que se dejaba influenciar por otros,no quería romper una promesa de asesinato ya que Juan el Bautista, le había reprochado su inmoralidad. Y Herodes habría actuado contra él si no hubiese tenido miedo a la popularidad de Juan.


Vemos que en la fiesta, Herodes hizo una solemne y pública promesa, esperando seguramente que la hija de Herodías le pidiese algo razonable. Pero su madre, que estaba a la altura del nombre de aquella familia, la influenció para que pidiese algo sádico y cruel, impulsada por un deseo brutal de venganza a causa de la condena moral que había recibido de Juan.

Preocupado por su imagen ante los invitados, Herodes accedió a su pedido. Así fue que Juan fue decapitado y su cabeza ofrecida en una bandeja. En realidad, la naturaleza humana no ha cambiado tanto. En la actualidad, la lujuria y el homicidio forman parte de nuestra sociedad.

Hoy tal vez no se se mataría por no quedar mal, pero cuántas veces el respeto humano nos hace traicionar la verdad, mentir, hacer el mal con tal de tener la aprobación de otros.

Ese respeto humano que nos detiene ante la injusticia, ante el mal y donde muchas veces se mira a otro lado o simplemente se lavan las manos para no salir "perjudicado".

Ciertamente no son hechos de la gravedad que nos narra el evangelio, sin embargo el no querer quedar mal muchas veces nos hace callar o inclusive aplaudir hechos o comportamientos que en nuestro interior sabemos que están equivocados.

Ninguno de los que participó del evento sale edificado:

Herodes como asesino y dependiente de lo que dijeran los demás, Herodías como una mujer cruel y malvada que no le importa pedir la cabeza de alguien que le molesta, Salomé, como tonta útil que se presta a la maldad de su madre, y los invitados que aplauden y callan ante un hecho tan deleznable.


¿Y yo?, ¿me dejo llevar por el quedar bien en el mundo cuando se hace el mal?,¿aplaudo o callo ante la injusticia?, ¿participo con mi presencia o silencio ante algo condenable?


Cada uno de nosotros debemos tener claro que uno de los valores que deben ser guía de nuestra vida es la verdad y la coherencia con lo que creo y nunca consentir la mentira o maldad por respeto humano o por interés.


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