28 de julio. la semilla de mostaza.

Actualizado: hace 6 días


Evangelio según San Mateo.

Jesús propuso a la gente otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas". Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa". Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.


El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza.


La semilla de mostaza es negra y del tamaño de la cabeza de un alfiler. En los tiempos de Jesús se usaba frecuentemente para referirse a la cosa más pequeña que se pudiera imaginar.
A pesar de que la semilla es tan pequeña, la planta de mostaza puede llegar a alcanzar hasta cerca de cuatro metros de altura con un tallo grueso como el brazo de un hombre.
El punto esencial de la parábola es el contraste entre un comienzo pequeño y un resultado grande, entre el principio y el fin, entre el presente y el futuro del Reino.
La semilla del Reino sembrada por cada uno de nosotros, en la familia, amigos, o hijos, tendrá finalmente por su propia vitalidad interna, un crecimiento desmesurado y sobrenatural, siempre que sea sembrada.

En el momento actual, Dios no reina manifestando todo su poder, sino que por el contrario, su presencia en este mundo, aunque real y viva, es humilde y muchas veces oculta. Incluso sus propios siervos, aunque ya tienen dentro de sí mismos la semilla que producirá estos resultados extraordinarios, son frágiles y débiles, expuestos a innumerables peligros.

Una de las grandes tentaciones que tenemos es dejar de sembrar porque llegamos a creer que no puedo ante un mundo hostil que rechaza la presencia de DIos.

Muchos padres dejan de sembrar en sus hijos porque "ya no pueden" , porque "no escuchan, o simplemente porque no acabamos de creer que la fuerza está en lo sembrado no en el sembrador.

La debilidad, la pequeñez y la pobreza son las características de la obra de Dios en este mundo hasta la venida del Señor.
Es cierto que la obra que hacemos para la extensión del Reino de Dios parece tan insignificante y pobre, pero sin embargo, aunque nuestros esfuerzos por el Reino de Dios sean ínfimos y endebles, Dios promete bendecirlos. No olvidemos, que como aprendimos en la parábola del crecimiento de la semilla, el avance de su Reino no depende de los esfuerzos humanos sino del poder y los propósitos de Dios.
A menudo somos víctimas del engaño en el sentido de que para que algo sea importante debe acompañarse siempre de gran ruido. Dios es diferente en su modo de actuar. Él actúa de formas casi imperceptibles.
No caigamos en la tentación de pensar que para lo poco que podemos hacer no vale la pena ni siquiera empezarlo. No nos desanimemos por el aparente fracaso y la pobreza presente, sino tengamos confianza en la Palabra del Señor que hará que todo esfuerzo honesto por servirle será finalmente multiplicado para su gloria.

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