27 de junio 2020. Las tentaciones.

Actualizado: jul 1



Evangelio según San Mateo. 4.


"Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.» Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.» Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.» Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.» Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían."

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado.



¿Qué es la tentación? La tentación es una fuerte atracción externa que halla eco en nuestro interior. ¿Por qué sufrimos la tentación? Porque somos libres. La tentación es la prueba de nuestra libertad. ¿Todos somos tentados? Sí, de modo que todos estamos sometidos a las tentaciones. ¿Las tentaciones son malas? Las tentaciones son sólo tentaciones. El mal está en cuanto nos dejamos arrastrar por ellas. Cuando caemos en su seducción, pero es un bien para nosotros cuando logramos vencerlas.

Pero en realidad la tentación es un anzuelo. El que lo muerde se destruye. Aunque quien se deja arrastrar por la tentación tenga una experiencia satisfactoria, ésta será fugaz y sus efectos causarán estragos en la persona caída, debilitando su voluntad (la próxima vez caerá más fácil), haciéndole perder la gracia de Dios; ofendiendo a Dios, al prójimo y a sí misma;


En el evangelio vemos claramente como el Espíritu Santo lleva a Jesús a ser tentado, por lo tanto las tentaciones son permitidas por Dios, y vencidas salimos más fuertes.


a primera tentación vemos como satán quiere que Jesús use sus dones para su propio beneficio: "Di que estas piedras se conviertan en pan", no para hacer la voluntad de Dios

sino para su propio beneficio. Dejar de confiar en que Dios, que es el que nos dará aquello que necesitamos todos los días.

Él nos dice que el corazón del hombre reclama otros alimentos que los del tener.

Tenemos hambre de pan, hambre de cosas materiales. Pero, ¿tenemos también hambre de Dios?

La segunda tentación de Jesús es la tentación del poder, la tentación de utilizar la fuerza de su Padre en provecho personal. Pero Él la rechaza: "No tentaréis al Señor, tu Dios". Es decir: no le exigirás a Dios que se ponga a tu servicio. Tú eres quien ha de servirle. La fuerza de Jesús consiste en ponerse plenamente a disposición de su Padre, para servir a los hermanos.


Nosotros no nos libramos de la tentación de utilizar a Dios, de ponerlo a nuestro lado, es decir, de meterlo en nuestro bolsillo. ¿Cuántas veces, a través de la historia, grupos humanos, naciones, gobiernos, ejércitos o partidos políticos han intentado aprovecharse de los cristianos, de la Iglesia, de Dios, para llevar a cabo sus propios proyectos?


La tercera tentación es la tentación de querer que Dios haga lo que yo quiero. Como soy hijo de Dios, me tiene que dar, conseguir, proveer, etc. Y muchas veces queremos forzar al Señor a que nos obedezca, en lugar de buscar sólo y siempre la voluntad del Padre. Querer marcarle a Dios el plan que hay que seguir, con lo que nos queremos convertir en el que manda y Dios el que obedece.


Mientras vivamos siempre seremos tentados, pero depende sólo de nosotros no caer, y cada día avanzar por el camino de la virtud, sabiendo que la gracia de Dios siempre nos acompaña.

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