24 de Junio 2020. Salve, Rabbí.



Evangelio Mateo 26, 47.


"Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.» 49.Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo: «Amigo, ¿con un beso me entregas?» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja. Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Más, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?» En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron."

Amigo, ¿con un beso me entregas?


Existe una tradición en algunos pueblos de América latina que muestra a un Cristo muy llagado, con dos particulares heridas en el rostro; heridas profundas y sangrantes, vivas y dolorosas que se le conocen como las heridas hechas por los amigos: el beso y la negación.


Los esbirros que iban a apresar a Jesús realmente no lo conocían, no sabían quién era, necesitaban que alguien les indicara quién era ese Jesús al que iban a apresar.


Judas se acerca, lo saluda: "Salve" un modo respetuoso, un saludo dedicado a alguien constituido en dignidad, autoridad y respeto, no era un saludo normal, con lo que lo hace más grave, enmarca el gesto de la traición; y le da un beso, signo de afecto, cariño, cercanía y confianza.

En todos los evangelios aparece sólo 3 veces el verbo besar; en la parábola del hijo pródigo, en la mujer que besaba los pies de Jesús y en la traición.


El gesto tiene una singular importancia, sobretodo venido de alguien que había vivido con Jesús 3 años, que fue llamado a ser uno de los pilares de la primera iglesia, que participó de los milagros de Jesús, que era el encargado de la administración de los bienes, en quien Jesús había confiado.


¿Cuántas veces nosotros, que hemos recibido tanto de Jesús, que lo hemos tenido en nuestras manos y corazón, que hemos sido bendecidos por Él, que ha sido nuestro apoyo, cercanía y consuelo en nuestra vida, ha recibido de nuestra parte "el beso de Judas"?

Cada vez que pecamos, es como si lo entregamos, lo traicionamos por 30 monedas de placer, de vanidad, de orgullo. No podemos pasar adelante sin antes hacer un profundo examen y preguntarnos si estamos libres del pecado de la traición en entrega del tesoro recibido.


Jesús no lo rechaza, no lo condena, apela al amor que le tiene, haciendo un último intento para ver si recapacita; le llama "amigo". Para Jesús a pesar de la traición lo sigue considerando su amigo, de los suyos y le lanza la pregunta ¿con un beso me entregas?

Llama a su conciencia, que reflexione, que se dé cuenta de lo que está haciendo, que a pesar de lo ya consumado todavía puede volver atrás.

Es una escena donde parece que sólo existe Jesús y Judas, y donde Jesús le llama para que se aleje del mal, todo lo demás se ha detenido, no hay nadie sólo ellos dos, Jesús y el hombre.


La misma pregunta es la que recibimos nosotros de parte de Dios al ofenderlo, para que volvamos, que lo que ya hayamos hecho lo dejemos atrás, que nos arrepintamos y que no perdamos lo más valioso que hemos recibido, la amistad de Dios. Que dejemos atrás los pecados cometidos con la certeza de que el Señor nos perdona y nos espera para estar con a Él.

Conocemos el final de Judas, ahora tenemos que escribir cuál será nuestra respuesta a tanto amor dado por Dios, para volver y ser uno de los suyos.



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