23 de junio 2020. Que pase de mí este cáliz.

Actualizado: jun 24



Evangelio según san Marcos, 14. 32


Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración.» Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.» Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.» Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle. Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.»"


Abba.


La meditación de las distintas escenas de la pasión tienen su origen desde el inicio del cristianismo. Siempre se ha buscado conocer íntimamente todo lo que sintió, pensó, y la respuesta a los distintos momentos tan difíciles que pasó el Señor antes de su muerte.

Propiamente dicho estas escenas inician con la meditación del huerto, donde Jesús se separa de los apóstoles para orar y ponerse en presencia del Padre.


Todo se podría resumir en una afirmación, en la hora de la prueba, Jesús oró al Padre para pedir ayuda.

El evangelio nos muestra a un Jesús, lleno de pavor y angustia; nunca hemos visto a Jesús así, triste hasta la muerte; ya no es el Jesús que caminó sobre las aguas, el que hizo callar y enmudecer los vientos y la tormenta, vemos a un hombre lleno de miedo, abatido, débil.


Busca la compañía, el apoyo de los 3 discípulos más íntimos, de los cuales demanda que le acompañen velando en oración.

Él es el único que actúa, que habla, que se mueve en la narración, en el ir y venir, buscando apoyo de los suyos para luego, al no encontrarlo seguir en oración al Padre. Oraba postrado en tierra, es decir, acostado sobre el suelo en un signo de humildad, reconociendo su flaqueza ante el Padre, pidiendo su ayuda.

Se dirige con una expresión "abba", sólo Marcos la reproduce, una expresión de cercanía y confianza a su "Papito", al Padre que viniera ante su fragilidad.

Pide que aparte ese cáliz, pero por encima de su súplica, antepone la voluntad del Padre.

No se escucha la voz de los discípulos, tampoco la del Padre; en tres momentos distintos, el Padre había deja oír su voz en la vida de Jesús, sin embargo, en este momento crucial el Padre calla, haciendo patente el sufrimiento, soledad y temor que siente Jesús.

Sin embargo Jesús al final, repuesto va y les dice a los discípulos, ya podéis dormir y descansar.


Descubrimos a un Jesús frágil, temeroso, roto por el dolor, pero confiado y abandonado a su Padre, que le permite recomponerse y volver a ser Él.

No quiso privarse del sufrimiento, y mostrarnos el camino, a pesar del dolor y las dificultades; la humildad, la fe, la oración es la que le hace retomar las fuerzas para dar cumplimiento de la voluntad de su Padre. Que acepta con todas las consecuencias el camino preparado por Dios par la redención de los hombres.


Cada uno de nosotros tenemos el modelo y el ejemplo de vida, sobre todo en los momentos dolorosos y difíciles cuando Dios calla ante nuestras súplicas, donde se vislumbra que a pesar de no responder con palabras a Jesús, le da una fuerza extraordinaria para cumplir con su misión, lo mismo que hará con cada uno de nosotros cuando acudamos a Él.







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