23 de julio.

Actualizado: hace 6 días

Evangelio según San Mateo 20,20-28.


La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. "¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". "No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron. "Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".


¿Qué quieres?


El Señor Jesús estaba realizando su último viaje a Jerusalén en donde le esperaba la cruz. En el camino iba explicándoles a sus discípulos que sólo de esta manera se podría establecer el Reino de Dios en la tierra. Pero al mismo tiempo, también insistía acerca de cuáles serían los principios de su Reino.

En el evangelio, vemos que la grandeza dentro de su reino tampoco se consigue como en el mundo, sino a través del servicio.

Los discípulos escuchaban las enseñanzas de Jesús, para ellos el establecimiento del Reino se debería llevar a cabo por medio del poder de Cristo y no por morir en una cruz, y aspiraban a ocupar los más distinguidos puestos dentro de ese reino buscando influencias y favores, en lugar de por el servicio y la entrega.

Jesús escucha la petición, pero la rechaza, "no saben lo que piden", no han entendido el nuevo mensaje; la grandeza para Dios está en la entrega, en el servicio, no en el poder y la fuerza.
No podemos pretender ser los primeros como el mundo lo busca, nosotros debemos ir en sentido contrario, en la entrega, servicio, el último lugar, el silencio.
El resto del grupo se revela, pero en el fondo buscan lo mismo, casi se puede decir que va en la naturaleza humana, sin embargo, Jesús vuelve a explicarles el nuevo camino instaurado por Él.
Hoy no es distinto, el camino que el Señor nos propone es el mismo de hace 2000 años, la entrega diaria y constante, en no buscarnos, sino en vivir para los demás.
Cada ser humano tiene en su corazón el deseo de ser mejor, pero la forma de lograrlo varía; según el mundo o según Dios.
Es incompatible el seguimiento de Jesús con los métodos del mundo, porque llegará un momento en que abandonaremos a Dios y nos pondremos nosotros como centro.
¿Qué tan grande soy?, la respuesta es simple: que tanto sirvo a los demás.

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