22 de mayo 2020. Venid a mí.

Actualizado: may 24


Venid a mí y descansad.


En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.

Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.



Muchas veces los poemas, las canciones expresan de una forma especial el estado de mi alma.

Una de esta canciones dice:

Levanto mis manos, aunque no tenga fuerzas. Levanto mis manos, aunque tenga mil problemas cuando levanto mis manos comienzo a sentir

una unción que me hace cantar. Cuando levanto mis manos comienzo a sentir el fuego,

cuando levanto mis manos mis cargas se van, nuevas fuerzas tú me das todo eso es posible, todo eso es posible cuando levanto mis manos.

Todos hemos experimentado momentos duros y difíciles en nuestra vida, momentos en que la tentación más grande es dejar de luchar, en donde sentimos que no vale la pena tanto esfuerzo y nos pesa la vida.

Dios sabe que pasamos por esos momentos, en donde teniendo claro lo que debemos hacer, el alma está cansada, y no se encuentra la fuerza para seguir. Queremos abandonar la lucha al ver los pocos frutos que logramos, experimentando el dolor, soledad o abandono.


No sabemos, si las palabras de Jesús que leímos anteriormente fueron dichas para alguno de los discípulos, o si pensando en nosotros las pronunció.

Jesús bendice y da gracias a su Padre sin fijarse en la sabiduría humana y la inteligencia que tengamos, nos eligió, me eligió, para conocer al Señor.

Pocas veces meditamos el amor de predilección que Dios ha tenido con nosotros, porque nos ama y quiere que le conozcamos.


Nos da la oportunidad de ir descubriendo día a día ese amor que se manifiesta en miles de detalles, y que tal vez no percibimos por estar atentos a los problemas o preocupaciones diarias. Él quiere que lo conozcamos, que lo experimentemos, que nos sumerjamos en Él, y lo descubramos en la vida. Él pudo haber elegido a cualquiera, alguien mejor que nosotros, que yo; pero me eligió a mí, y me invita a verlo todos los días, en cada paso que doy porque está en mí.


Pero también cuando las fuerzas flaquean, cuando el peso de la cruz me derriba, cuando lo humano falla me dice: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga y yo les daré descanso".

Tenemos la invitación hecha, ir a Él.

Me está esperando, se compadece de mis heridas, me quiere curar, me quiere cuidar, me quiere alimentar.

¿Cuántas veces necesito una palabra de aliento, un consejo, un abrazo? Me está esperando para mostrarme su amor y su ternura, para animarme a seguir aunque sea difícil, para acompañarme paso a paso y mostrarme el camino.

Y me invita a que tome su yugo, su carga, su ejemplo, y que aprenda ser humilde, a darme cuenta de mis limitaciones, que confíe en Él, sabiendo que con Él todo lo puedo, que como dice San Pablo: "Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí".



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