22 de junio 2020. Con la vara que midas serás medido.

Actualizado: jun 24



Evangelio según San Mateo 7,1-5.

Jesús dijo a sus discípulos: No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.


No juzguen, para no ser juzgados.


Todos queremos, el día del juicio, que el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida, y esto es justo, porque somos hijos, y esto es lo que un hijo se espera del padre, siempre. Pero si tú juzgas continuamente a los demás, con la misma medida serás juzgado.


Cuando experimentamos la traición, el engaño, la falta de apoyo, cuando nos han humillado y hecho daño, internamente surge la indignación, la ira, la tristeza, y la tendencia natural es devolver el mal. Enjuiciamos y condenamos, muchas veces sin tomar en cuenta lo que motivó el daño recibido, y es muy difícil perdonar.

Nos sentimos tratados injustamente, y tendemos a devolver el mal recibido, sin embargo pocas veces nos detenemos a pensar en el daño que yo he podido causar, o si lo vemos siempre encontramos una justificación por haber reaccionado así, cansancio, estrés, inmadurez, preocupaciones o simplemente que nos estamos defendiendo.


Tendemos a ser indulgentes en nuestros actos, sin embargo somos duros al juzgar los errores de los demás.

Jesús me deja claro que con la vara que mida seré medido, si yo exijo mucho, se me exigirá mucho, si soy duro, serán duros conmigo.

¿Quién de nosotros no ha caído?, ¿quién no ha perdido los papeles o ha cometido faltas dignas de reproche?, sin embargo todos sabemos y esperamos que Dios sea misericordioso, que no tome en cuenta nuestros pecados, caídas y errores.


No estaría mal, de vez en cuando hacer un balance de mi vida, tal vez ahora mi vida sea irreprochable, pero ¿y antes?, ¿siempre he sido todo lo que espero de los demás? y en este examen tomar en cuenta las ayudas, apoyos y medios que Dios ha puesto en mis manos para hacer los cambios en mi vida.

Perdonar es una de las cosas más difíciles de la vida, no basta con que lo desee, va más profundo, y es un ejercicio que lleva mucho tiempo en el alma, hasta que sane la herida de la ofensa recibida, hasta que deje de doler.

En ocasiones decimos que perdonamos, sin embargo si en mi corazón todavía existe, el dolor, rencor, resentimiento, no se ha perdonado, simplemente se queda archivado, pero no resuelto y cargo con su amargura y dolor.


Si no quieres ser juzgado no juzgues a los demás, claro. Y el Señor va un paso por delante, indicando precisamente el criterio de la medida: porque con el juicio con el que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con la que midáis se os medirá. : esto está claro.


Es algo que es vital en la vida del cristiano, del discípulo de Jesús, que perdonó las ofensas de los hombres, y no lo tiene en cuenta.

El camino es duro, pero contamos con la ayuda del Señor para que dejemos atrás, y podamos medir a los demás como queramos que el Señor nos mida a nosotros.

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