21 de mayo 2020. Los lirios del campo.

Actualizado: hace 5 días


«Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?

Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.

Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?

Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.


No os preocupéis del mañana.



Una de las preguntas más frecuentes que escucho, es: ¿Qué puedo hacer para obtener paz?

Un asunto que requiere una profunda reflexión y conocimiento personal, y por supuesto la presencia de Dios en la vida del que pregunta.


En nuestra vida hay tantos planes, proyectos, dificultades y situaciones difíciles que lo primero que perdemos es la paz. Quisiéramos que Dios nos la dé, como si dependiera sólo de Dios y su voluntad, sin darnos cuenta que Él ya nos la dio, pero no la tenemos o no la cuidamos y defendemos como debemos.

En el Evangelio leemos que Jesús les dice a sus discípulos: no se preocupen, no pierdan la paz. No importa lo que estemos sufriendo, no importa la dificultad que tengamos, la paz es un don que debemos defender a pesar de las dificultades.

La paz no se pierde por tener un problema, sino por no saber resolverlo o por lo que puede provocar en nuestra vida. El síntoma más claro de pérdida de la paz es el miedo. Miedo a sufrir, a perder, a experimentar el abandono o no tener los medios para mantener la vida.


La paz no significa la ausencia de dificultades, sino saber que se resolverán y que Dios me dará lo que necesito en cada momento. Él me dirá que hacer porque me ama.

No se pierde la paz porque sé que Dios sabe lo que necesito, porque soy su hijo, porque sabe que tengo necesidades por resolver y Él me mostrará el camino, para todo esto necesito la fe.


El Señor pone de ejemplo las aves del cielo o las flores, cosas pequeñas y sin embargo Dios las cuida y viste, a cada una de ellas, por pequeñas que sean.

Nosotros valemos mucho más que ellas y por supuesto que está pendiente de mi, de cada momento de mi vida , participa de todo lo que soy y me ofrece su ayuda y sus dones.

Pero a veces la falta de fe, la poca conciencia de lo que soy para Dios y de su presencia en mi vida me hace dudar y desconfiar que saldré adelante, y Jesús me lo recuerda, "hombre de poca fe".

Dice Jesús que de esto se afanan los gentiles, porque no conocen a Dios, y no saben, no han experimentado su dulzura y cariño, y se sienten solos ante los problemas.


Sólo me pide una cosa, que busque el Reino de Dios y su justicia, es decir: que haga el bien, que me dedique a ayudar, apoyar, consolar, sabiendo que Dios se encargará de aquello que yo necesito, y añade, no te preocupes por el mañana, dedícate hoy a hacer el bien, no precipitarme, no angustiarme por posibles males, basta que hoy cumpla con lo que el Señor me pide y el resto lo deje en sus manos.





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