20 de mayo 2020. La sal del mundo.




«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.


«Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.

Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Brille así vuestra luz delante de los hombres.


Jesús utilizaba siempre ejemplos que sus oyentes pudieran comprender, imágenes que les llevará a la reflexión interior y así profundizar, partiendo de un mensaje sencillo y ordinario y que provocará en ellos un cambio de vida.


La sal de la tierra.

En la época del imperio romano, la sal era un artículo sumamente caro, se extraía de minas profundas, en donde ninguna persona libre quería trabajar. Era un trabajo de esclavos.

La sal potencia los sabores o impide que se pudran los alimentos, pero si la sal se desvirtúa pierde todo su valor, sólo sirve para tirarla, y que absorba la humedad del camino.

Cuando Jesús le dice a los suyos que son la sal, les da a entender que son algo muy valioso pero siempre que cumplan con su cometido.

Cuando vemos el mundo que nos rodea, vemos con muchas claridad que ha faltado la sal, y que ese mundo se está no pocas veces pudriendo, debido a que los encargados de salar no lo han hecho; no se si por pereza, desidia, cobardía o egoísmo.


Jesús espera que potencie la vida de los demás, que les ayude a darle sabor o de preservar de la corrupción a los otros. Es un encargo del Señor, ayudar y preservar, una encomienda a veces dura e ingrata, pero es lo que Dios espera de mí.


Esta imagen me debe llevar a una profunda reflexión, ¿qué tanto potencio o preservo a los que están junto a mí? ¿cuánto me empeño por cumplir este encargo?, esto implica desgaste, cansancio y no pocas veces ingratitud, pero es algo que como discípulo Dios se espera que haga, que pueda mostrar a los que me rodean el camino, como una vocación dada por Dios.


La Luz.

Siempre que leo este evangelio recuerdo la lámpara del Santísimo en las iglesias, un lámpara, una luz, que en seguida, al verla encendida me lleva a ponerme en presencia de Dios. Pocas veces me fijo en la lámpara o vela en sí misma, veo la luz, si está encendida, mi mente, mi corazón me lleva al Señor.

Es una lámpara visible, muchas veces colocada cerca del Sagrario para que toda persona pueda percibirla.

La imagen de la luz, es una imagen repetida en toda la escritura, Jesús mismo dice "Yo soy la luz del mundo" y en este evangelio les dice a los suyos "vosotros sois la luz del mundo".

La función de la luz es iluminar, el mundo, el camino, las cosas, la vida, y mientras más luz hay, mejor se percibe lo que nos rodea, es la luz la que nos permite descubrir los colores, las formas, las distancias, la belleza, que se hace casi indispensable para la vida. La Lámpara en sí misma no produce la luz, la recibe al encenderla.

Esta luz se recibe, Jesús nos da esa luz, pero es para mostrarla, no para esconderla, para que pueda con mis comportamientos, palabras y obras llevar a los hombres a Dios.

No siempre es fácil, dar esperanza, cuando yo estoy luchando por tenerla; dar paz, cuando hay una lucha interior y me flaquean las fuerzas, consolar, cuando yo mismo vivo tribulaciones. No siempre logro darla a los demás, y sin embargo el Señor nos pide que la comuniquemos.


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