20 de julio. ¿Está preparado mi corazón para la siembra?

Actualizado: jul 22


Evangelio según San Mateo 13,18-23.

Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".


El hombre que escucha la palabra y la comprende.


Nadie en su sano juicio pensaría sembrar en una tierra dura, con maleza o entre piedras. Se sabe de antemano que lo que se siembra ahí no dará fruto, sin embargo, el que siembra, sino es el dueño del campo, su misión es sembrar no de preparar la tierra; el sembrador presupone que ya está preparada la tierra, y él siembra en todos lados.


Lo mismo sucede con la enseñanza de la parábola; cada uno hemos recibido un campo, pero por la educación, formación, ejemplos y la vida en general, la tierra puede ser que no esté preparada. No todos lo campos son iguales, pero el campo que me toca tiene que estar listo para la siembra, y me toca a mí prepararla.


La parábola habla de 4 tipos de tierra; el camino, entre piedras, con zarzas o hierbas y tierra buena.

Por otro lado habla de los siguientes enemigos de la semilla: el maligno, la inconstancia por las dificultades de la vida, las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas. Todas ellas impiden que se dé el fruto, de ahí que hay que meditar profundamente que hay de esto en mi vida. Tal vez dureza, hierbas, o puede ser que un poco de todo, y una vez meditado y hecho un examen, podemos empezar a luchar contra esos enemigos del alma, para que la gracia de Dios penetre y pueda dar fruto.

No es algo que se consigue en un día, continuamente hay que revisar y preparar la tierra, para que lo sembrado germine. Contamos siempre con Dios, Él siempre sembrará, ya toca a cada uno hacer fructificar lo que cae en la tierra.

De nada me sirve analizar la vida (los terrenos de otros) de las demás personas. Cada uno es responsable de la propia vida, no la de los demás, porque el Señor me pedirá a mí cuentas de lo mío.


Puede ser que el campo de alguien más esté mejor dispuesto, a él se le pedirán frutos, a mí, me pedirán de mi campo, de mi vida, y a mí me toca quitar lo que impida cosechar el trigo.



6 vistas

8711785636

©2020 por Sagrado Corazon. Creada con Wix.com