2 de Mayo 2020.

Actualizado: may 4


Evangelio según San Juan 6,60-69.

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?". Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen". En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede". Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?". Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".



"¿También ustedes quieren irse?"



En el mundo que vivimos el descenso en la práctica institucional de la religión, no va de la mano de un descenso en las búsquedas espirituales, más bien lo contrario. Mientras las iglesias históricas experimentan una grave pérdida de fieles, hay cada vez más personas que se confiesan “creyentes sin religión”, que construyen su propio itinerario espiritual por fuera de las tradiciones religiosas, en donde no necesito vivir los sacramentos, la eucaristía, o mandamientos que el Señor nos ha dejado.


En el evangelio de hoy, ya surge una división en los discípulos: "es duro escucharte", y se alejan, le abandonan para diseñar una espiritualidad en donde rige, lo que me gusta, lo que estoy de acuerdo, lo que yo quiero, o lo que según mis criterios debe ser. Jesús invitaba a seguirle, pero eligió unos hombres, débiles y con muchos defectos, sin embargo guiados y asistidos por el Espíritu Santo, para que a través de ellos dispensara su gracia y sus dones. Si Jesús sólo quería anunciar la buena nueva, no hubiera constituido a los apóstoles, a los discípulos. simplemente hubiera anunciado el amor de Dios, porque junto a esa predicación del amor que Dios nos tiene, busca que le sigamos con un tipo de vida y conducta de acuerdo a sus enseñanzas dentro de la Iglesia, que se funda en la Escritura.


El seguimiento del Señor no es fácil, nunca lo ha sido, implica negarnos, cargar con la cruz, y seguir sus huellas en cada momento de nuestra vida.


Muchos hoy se alejan, se desencantan, desilusionan y abandonan el camino, por fijarse más bien en sus intereses o por los defectos y miserias de la propia Iglesia. Otros cumplen formalmente con lo mínimo, la asistencia a la misa, la práctica sacramental pero no hay un deseo de seguir las huellas de Jesús, de vivir la experiencia y seguirlo a ÉL, de estar con Él.


Yo no estoy exento, a la pregunta que Jesús les dijo a los discípulos, de hecho me hace el Señor la misma pregunta: "¿También tu quieres irte?" No puedo perder de vista nunca que yo sigo a Jesús, que es su palabra y su gracia la que me acompaña, que es Él, el sentido y la roca donde construyo mi paz y certeza, porque Él siempre está conmigo. Sé que seguirlo no es fácil, que a veces me lleva por lugares o situaciones dolorosas, pero que no me deja, que me acompaña, que me ama y protege. La principal dificultad está en mí, como dice la lectura, "porque hay algunos que no creen".

Muchos hoy se alejan, pero si bien es doloroso verlo, yo no puedo dejar de seguirlo.

Jesús pregunta a Pedro y los suyos "¿también uds quieren marcharse?", y Pedro le responde: y a quién iremos, Tú tienes palabras de vida eterna. No dice que no quiera, sino que no hay otro camino para esa vida, un camino duro, difícil e incomprensible, pero un camino lleno de vida, de fuerza de paz. Es probable que más de alguno de ellos quisieran marcharse, tal vez cansados, preocupados pero sabían que sólo Jesús los lleva por el camino de Dios.

Señor, a quién iremos, si Tú eres nuestra vida; si Tú eres nuestro amor,

Quién como Tú conoce lo insondable de nuestro corazón; a quién como a Ti le pesan

nuestros dolores, nuestros errores quién podría amar como Tú nuestra carne débil, nuestro barro frágil.


Quién como Tú confía en la mecha que humea en nuestro interior quién como Tú sostiene

nuestra esperanza malherida y nuestros anhelos insaciables quién como Tú espera nuestro sí de amor.



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