2 de julio 2020. El trigo y la cizaña.

Actualizado: jul 6

Evangelio según San Mateo 13,36-43.

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron:

"Explícanos la parábola de la cizaña en el campo". El les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!"


Los justos resplandecerán como el sol.


Una persona que siembra en el campo, siempre busca la semilla de mejor calidad, con la ilusión de que su cosecha sea abundante, nunca pensará en plantar una mala semilla o junto a la semilla plantar algo que pueda lastimar. El sembrador siembra buena semilla en su campo, la cizaña tiene un origen muy distinto.


El hombre ha sido creado a imagen de Dios, y por lo tanto con un potencial infinito, llamado a dar mucho fruto, sin embargo hay un enemigo del hombre, el demonio, empeñado en que no alcance su plenitud, y hará todo lo posible por malograr la siembra de la semilla buena.


La parábola nos hace ver que junto a nosotros habrá mala semilla, es decir, problemas, dificultades, miserias del hombre que con mucha frecuencia nos lastiman y quisiéramos que fueran arrancadas de nuestra vida, sin embargo el arrancar el mal puede lastimar la buena cosecha y por no esperar podríamos provocar que no se dé el fruto deseado, es por eso que debemos convivir con las malas hierbas.

No podemos pretender que junto a mí no exista el mal, o personas que actúan haciendo daño. Existen en las sociedades leyes ya que evitan ese mal y hacen pagar al que nos ha lastimado.


Debemos tener la confianza de que siempre podremos dar frutos, a pesar de las dificultades, no importa cuales sean, y aunque los frutos tal vez no sean los que yo espero, sin embargo, conseguiré bienes que ni siquiera yo hubiera pensado.


Dios en su providencia nos dará lo que necesitemos para dar mucho fruto, pero sembrados en un mundo donde existe el mal, sería muy sencillo que Dios nos quitara toda ese mal que nos agobia, sin embargo Él nos da las herramientas para que, a pesar del mal podamos florecer, dar fruto, sabiendo que Dios no nos deja y que el mal nunca tendrá un buen fin.

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