19 de junio 2020. Sagrado Corazón.


Evangelio según San Mateo 11,25-30.

Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar." Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


Se lo has revelado a los pequeños.


La devoción al corazón herido de Jesús tiene sus orígenes en el siglo XI, cuando los cristianos piadosos meditaban sobre sus cinco llagas.

En aquel tiempo creció entre los fieles las oraciones al Sagrado Corazón, a la llaga del hombro de Jesús, entre otras devociones privadas. Todas ayudaron a los cristianos a enfocarse en su Pasión y Muerte, de tal manera que lograran crecer en el amor hacia Él.

Sin embargo, no fue hasta 1670 que el sacerdote francés P. Jean Eudes celebró la primera fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Casi al mismo tiempo, una religiosa conocida por su piedad, Sor Margarita María Alacoque, empezó a informar que tenía visiones de Jesús. Éste se le aparecía con frecuencia y, en diciembre de 1673, le permitió –como había permitido una vez a Santa Gertrudis– descansar su cabeza sobre su corazón.

Mientras experimentaba el consuelo de su presencia, Jesús le habló de su gran amor y le explicó que la había elegido para dar a conocer su amor y su bondad a la humanidad.


Pocas veces meditamos porque Dios nos/me ama. ¿porqué me ha elegido?¿ Porqué se me ha manifestado?

El Poeta Lope de Vega lo retrataba en un poema:


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía: «Alma, asómate ahora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana, «Mañana le abriremos», respondía, para lo mismo responder mañana!


Jesús me ha elegido, y me pide que le ayude a que otros le conozcan, que sus enseñanzas, sus palabras su presencia la lleve a todas las personas posibles, que les transmita cuanto nos ama, cuánto valemos y cuánto desea protegernos del mal.

Él sabe que es duro, cansado y difícil, y me recuerda, cada vez que estés cansado y agobiado ven, te espero para consolarte, ayudarte, bendecirte, para que crezcas en amor y sigas adelante.

Sé que me acompaña, que no me deja, que confía en mí, que me necesita para que el hombre lo conozca, lo descubra, lo ame.

Se me ha manifestado, y quiere que yo lo muestre encarnado en mi vida, en mis obras, en mis palabras.

Un trabajo a veces ingrato, pero también lleno de satisfacción y realización, donde sólo su presencia hace que todo valga la pena.

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