19 de julio. Porque miran y no ven.

Actualizado: jul 22

Evangelio según San Mateo 13,10-17.

En aquel tiempo, los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?". El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure. Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron."


Felices ustedes, porque ven.


En los primeros tiempos de la iglesia, antes de la encarnación en la Virgen, existían santos que deseaban la llegada de Cristo en la carne; y desde entonces hasta su ascensión existían otros santos que desean la manifestación de Cristo para juzgar a vivos y muertos. Desde el comienzo hasta el final de los tiempos, este deseo de la iglesia jamás perdió su ardor, incluso tampoco mientras el Señor estuvo en compañía de sus discípulos, y sin embargo ellos no tuvieron la gracias especialísimas de escuchar el evangelio, de recibir los sacramentos, de tener de huésped al Espíritu Santo; en cambio nosotros sí.

Nos falta valorar tantos dones recibidos por Dios en nuestra vida, su amistad, su amor, su perdón, su gracia, que muchos otros no recibieron, muchas veces siendo mejores personas.


Somos privilegiados, y con frecuencia lo olvidamos pensando más en los problemas y dificultades que en todo lo que ya hemos recibido.


En cuanto a los que no entienden, o pueden ver, pareciera que Dios quiere ocultarse a ellos y no ofrecerles las mismas oportunidades que ha nosotros. Si esto fuera cierto, no se comprende el mandato de Jesús de ir por todo el mundo a predicar el evangelio.


La responsabilidad no es de Dios sino del hombre, porque ha endurecido su corazón, cerrado sus ojos y tapado sus oídos como dice el evangelio, por culpa del pecado, las pasiones, la avaricia, el egoísmo.

Si yo quiero endurecer mi corazón no seré capaz de escuchar a Dios, depende de mí no de Dios, depende de cada uno con sus obras y actitudes.

Aquí lo que queda es estar atentos para no permitir que nuestro corazón se endurezca, no importa lo vivido, para en todo momento ver y escuchar al Señor.





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