17 de junio 2020. Levántate y anda.

Actualizado: jun 24


Evangelio según San Lucas. 5, 17.


"Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.» Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?» Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, - dijo al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".» Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»"


A ti te digo, levántate.


Cada uno de los milagros que observamos en los evangelios son distintos entre sí. Vemos a Jesús siempre rodeado de gente, no importa la edad, el sexo, la condición social. Cada uno de ellos buscaba algo de Jesús, sin embargo no todos lo obtuvieron.

¿Dónde está el secreto para que Jesús atienda la petición sólo de algunos? ¿Qué o cómo debe de pedir la persona para que Dios atienda la súplica?

¿Debe ser discípulo? sin embargo, muchos que obtuvieron el milagro, no eran seguidores de Jesús; inclusive, varios de ellos ( el centurión , la mujer sirofenicia, el endemoniado de Gerasa) no eran ni judíos. Entonces ¿qué es lo que mueve a Dios a conceder a unos algo, y a otros no?

No creo que sea algo al azar, el mismo Jesús les dijo a sus discípulos, pidan, busquen, llamen, si Dios no atendiera las súplicas de los suyos ¿por qué invita a presentarlas?


En el evangelio de Lucas, vemos a Jesús en una casa, probablemente en el patio techado de la misma, rodeado con gente que le escuchaba.

Afuera amontonados en la entrada una muchedumbre, esperando que Jesús saliera para presentarle sus peticiones de ayuda. Todos con la esperanza de poder habla con Él, pero conscientes de que no sería fácil verlo.


Cinco personas, amigos entre ellos, van en busca de Jesús. Uno está paralítico, postrado en una camilla, los otros decididos, llevan al enfermo, con la seguridad de que Jesús lo curará.

Al llegar a la casa, se detienen afuera; una gran muchedumbre se agolpaba esperando entrar o ver a Jesús y hablar con Él, y era inútil pedirles que abrieran paso, no renunciarían a la oportunidad de conseguir la ayuda del Maestro.

Ellos no se desalientan, cargan al enfermo por encima de sus cabezas y avanzan a trompicones, el enfermo podía caer, pero ellos no se detienen, deben presentar al enfermo. Uno de ellos, les propone un acto de locura: carguemos al enfermo, subámoslo al tejado hecho de carrizo, barro y teja, hagamos un hueco y bajemos por ahí obliguemos a Jesús que nos atienda, ¡tiene que ver Jesús al enfermo!

Y lo hacen.

Se ve claramente el poder de intercesión, gracias a la fe de los amigos, Jesús le dice al enfermo, tus pecados te son perdonados.

Sobresale la fe de los amigos, no del enfermo y esto mueve a Jesús a la compasión pero no concede lo que ellos quieren. ¿Quién piensa en los pecados cometidos por un paralitico?

Lo que duele es la parálisis física, sin embargo, Jesús ve la parálisis del alma, y le perdona sus culpas.

Algo mucho más serio y peligroso, que a veces no pensamos.

Nosotros mismos, cuántas veces pedimos por la salud física de alguien, y sin embargo ¿pido por la enfermedad del alma de los que están junto a mí?

Los fariseos, conscientes de que sólo Dios puede perdonar los pecados, murmuran en su corazón contra Jesús, pero Él que todo lo ve, le reprende su dureza.

El que puede lo más, todo lo puede, y si perdona los pecados, puede curar el cuerpo, y le regala la salud física al enfermo que se va alegremente a su casa dando gloria a Dios.


La fe de los amigos, el empeño por ver a Jesús, el sacrificio a veces heroico por presentar al enfermo, todo esto garantiza, la atención y el milagro regalado por el Señor.

Ahora nos toca a nosotros hacer lo mismo.




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