16 de julio.Manso y humilde de corazón.

Actualizado: jul 18


Evangelio según San Mateo 11,28-30.

Jesús tomó la palabra y dijo:"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


¿Soy paciente y humilde de corazón?


Podemos considerar la mansedumbre de Cristo de muchas formas: en su vida ordinaria, en sus admoniciones, en la gracia de su recibimiento, en su pasión.


La mansedumbre de Cristo en su vida ordinaria.

Todas sus actitudes eran pacificadoras: no buscaba provocar disputas sino que evitaba todo lo que podía conducir a un altercado. Decía “Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón”. Aquí podemos meditar cómo son nuestras actitudes, sobre todo en los problemas, tensiones, diferencias o problemas que vivimos, si siempre buscamos la paz, el arreglo, si sabemos escuchar y atendemos a todos los que están junto a nosotros.

La mansedumbre de Cristo aparece luego en sus correcciones. Tuvo que sufrir muchas injurias de parte de sus perseguidores y sin embargo no les contestaba jamás con cólera ni con tono de querella. San Agustín dice que la verdad se hacía reconocer cuando Cristo predicaba y la mansedumbre se hacía admirar cuando respondía con paciencia a sus enemigos.


Su mansedumbre aparece también en la gracia de su recibimiento. Algunas personas no sabemos recibir con bondad. Cristo recibía con benignidad a los pecadores, comía con ellos. Los admitía en sus comidas o aceptaba sus invitaciones. Esto llenaba de estupor a los fariseos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”. Finalmente, la mansedumbre de Cristo se manifiesta en su pasión. Iba hacia esa Pasión como un cordero, “insultado, no devolvía el insulto”. El profeta Jeremías escribe: “Yo era como un manso cordero llevado al matadero”.

La mansedumbre asegura la herencia de la tierra de la felicidad. Por eso leemos en San Mateo: “Felices los mansos, porque recibirán la tierra en herencia”


La humildad del corazón hace que me conozca plenamente, con todo lo que soy. Y al saber de forma plena como como soy, puedo a su vez reconocer las necesidades del otro. Reconozco mis limitaciones, errores y carencias, pero también mi potencial, virtudes y logros y a lo que estoy llamado.

Jesús se sabe el Mesías con una misión específica, jamás tiene que decir o defender "su derecho a reconocimiento" que le tomen en cuenta, que le valoren o aplaudan. Jamás buscó que los fariseos le hicieran caso o lo siguieran porque tenía "palabras de vida eterna" no buscaba honores, puestos, regalos o prebendas. El anunciaba, proclamaba y cada uno era libre de tomarlo o no.

Era el mismo cuando los seguían las multitudes o cuando se encontraba solo en su pasión, y ante las dificultades oraba, para recibir de lo alto aquello que necesitaba.

Con este modelo podemos profundizar hasta donde llega mi humildad, y si esta está basada en el conocimiento de lo que soy o por el contrario una falsa humildad porque no cuento con los medios para lograr aquello que busco o deseo.


Me debo mirar ante el espejo de Jesús, puedo descubrir de acuerdo a mis actitudes y obras si tengo o no esa mansedumbre y esa humildad que tenía el Maestro y buscar poder adquirir la humildad y mansedumbre para la vida.

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