14 de junio 2020. La alianza.

Actualizado: jun 16




Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente al monte.

Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:

—«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas:

"Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa"».


Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.


La historia de Israel en Egipto contiene varios de los elementos esenciales en la revelación del antiguo testamento, y es una prefiguración de la liberación que vino a traer Jesús con su resurrección del reino del pecado.

Recoge con tono grandioso la elección y la liberación de Israel, lo que lo convertiría definitivamente en un pueblo que es propiedad del Señor.


En la lectura del éxodo, después de la liberación, y antes de iniciar el camino a la tierra prometida, Moisés va con Dios, para recibir instrucciones del Señor.


¿Por qué Dios se tomó tantas molestias por liberar al pueblo de la esclavitud?

Oyó sus lamentos y tuvo compasión, pero ¿lo merecían? había sido un pueblo que no había cumplido con las enseñanzas de Abraham, se habían alejado, no se distinguían por su piedad, devoción o entrega; y sin embargo Yahvé tuvo compasión de ese pueblo.

¿Cuál era la diferencia entre los egipcios y los judíos? En el cumplimiento, en la entrega, en la vida, prácticamente ninguna, sin embargo, Dios no prometió nada a ningún rey o faraón de Egipto, en cambio en la promesa hecha al padre de este pueblo, a Abraham sí. Y Dios es fiel a sus promesas.

Si yo soy fiel a las promesas al Señor, Dios bendecirá, no sólo a mí, sino a todos los míos, su bendición llegará a muchas generaciones, los tomará como algo precioso y los defenderá de sus enemigos. Alguien en mi pasado ha sido fiel al Señor, y gracias a esa persona el Señor me sigue ayudando, bendiciendo, acompañando, y lo mismo pasará si yo cumplo con mis compromisos.

El Señor me a traído hacia Él. Me ha separado de lo que esclaviza, oprime y destruye y me da la gracia enorme de pasar por encima de los enemigos de mi alma.


Pero esto no basta, ya una vez liberado, ahora es necesario, escuchar y cumplir la alianza.

Escuchar a Dios en medio de la vida, de mi vida, en cada momento, no perderme en lo accesorio e intrascendente, sino descubrir su voz, una voz que puede ser apagada por el mundo, las pasiones o el egoísmo.

Una voz que necesita atención y silencio para ser escuchada, comprendida, interiorizada, y una voluntad firme que me lleve a cumplir lo que el Señor me pide.

Parece sencillo, pero no lo es, se requiere sacrificio, renuncia y una fe que me lleve a confiar en el Señor, que lo que me pide redundará en bien para mí y los míos.


Sólo así seré de su propiedad, y me cuidará, defenderá guiará para no perderme.

Varias parábolas del evangelio hablan de esto: la dracma perdida, la oveja perdida o el hijo pródigo. En las tres había una relación cercana y directa; era el dueño que busca, que encontró que recibe, pero siempre algo querido y que es suyo y que no lo deja ir, y que lleno de alegría lo celebra porque ha recuperado lo que amaba.


Y seré de su propiedad, algo santo, donde nada podrá separarme del Señor.






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