14 de Agosto. Al administrador fiel.

Evangelio según San Lucas 12, 41.




Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» .Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más."

"Mi señor tarda en venir".


Todos esperamos que el Señor tarde en venir, pero olvidamos que soy su administrador, y espera que administre esos dones por el bien de aquellos que me ha encargado.

Jesús se dirige a sus discípulos enseñándoles a cuidar de los dones recibidos para el bien de los que dependen de nosotros. Valiéndose de algunas parábolas y comparaciones, marca el estilo de vida que ha de caracterizar a los cristianos.

De entrada, puesto que hemos de vivir intensamente, con la grandeza de quien tiene el corazón lleno de ideales, nos llama a ser sobrios y estar desprendidos de riquezas. Dios es Padre, y cuidará de ellos y de sus necesidades, así que no necesitamos atesorar para nosotros mismos. Jesús nos invita a vivir con una lógica de amor que se manifieste de modo preferente en la atención de los demás.

Que difícil es no dejarnos llevar por lo material, el corazón siempre pide más, siempre quiere guardar para el futuro y en no poca ocasiones ponemos la seguridad y la paz en eso, perdiendo de vista el abandono a la providencia que es el que no dará todo lo que necesitemos.


El administrador eleva sus pensamientos hacia lo alto, para que ponderen los valores a los que ajustar la existencia, teniendo en cuenta que habremos de dar cuenta de los actos delante de Dios. Las dos parábolas sirven como una amable exhortación a la vigilancia.

Dice Benedicto XVI que “esta vigilancia significa, de un lado, que el hombre no se encierre en el momento presente, abandonándose a las cosas tangibles, sino que levante la mirada más allá de lo momentáneo y sus urgencias. De lo que se trata es de tener la mirada puesta en Dios para recibir de Él el criterio y la capacidad de obrar de manera justa. Por otro lado, vigilancia significa sobre todo apertura al bien, a la verdad, a Dios, en medio de un mundo a menudo inexplicable y acosado por el poder del mal. Significa que el hombre busque con todas las fuerzas y con gran sobriedad hacer lo que es justo, no viviendo según sus propios deseos, sino según la orientación de la fe”.

Jesús con las parábolas de los siervos vigilantes (Lc 12,35-40) y del administrador fiel y prudente (Lc 12,42-48), nos sitúan en la vigilancia en el servicio, en la entrega.


Entre las tareas del “administrador” fiel, Jesús señala en primer lugar la de “dar la ración adecuada a la hora debida”. Muy posiblemente, en poner a disposición de los demás aquello que el Señor no ha dejado para administrar.

No es fácil dejar de pensar en nosotros, en nuestro problemas necesidades y planes, para centrarnos en los demás, pero si lo logramos Él se encargará de lo demás, no se trata de recibir mucho o pocos azotes, de trata de cumplir con aquello que Dios me ha confiado, porque lo que yo no haga, es probable que nadie lo realice.


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