12 de julio. Salio el sembrador a sembrar.

Actualizado: jul 14



Evangelio según San Mateo 13,1-23.

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!".


¡El que tenga oídos, que oiga!


Jesús siempre que predicaba utilizaba ejemplos que todo mundo pudiese comprender y que utilizando las imágenes cada uno pudiera sacar conclusiones para la vida personal.


Hoy en día nos parecería absurdo sembrar por el camino, entre zarzas o piedras, sin embargo en la época de Jesús se sembraba a boleo, es decir se tiraba la semilla que se desparramaba por donde el sembrador la lanzaba, y no se controlaba cada semilla que se sembraba.

A partir de aquí, cada uno debemos hacer un examen de conciencia profundo para ver si nuestra vida se asemeja a los terrenos de la parábola.

Dios siempre está dispuesto a ayudarnos, muchas veces pensamos que no nos da lo que le pedimos, sin embargo el Señor nos da las gracias necesarias para dar fruto, pero esas gracias no siempre caen en la tierra preparada para que florezca.

Dios da su gracia a todos, pero a nosotros nos toca tener listo el terreno para que esas gracias caigan en la tierra preparada, de lo contrario no obtendremos los resultados que tanto deseamos.


Jesús habla de 4 tipos de terreno: el camino, entre piedras, por las zarzas o en tierra limpia de piedras o hierbas donde la semilla penetra fácilmente en la tierra.


El camino.

Es una tierra dura, pisada por mucho y endurecida por la acción del sol que no permite que brote apenas nada.

Cada uno de nosotros debemos ver si nos hemos endurecido por la vida, los problemas, el sufrimiento, el daño que nos han hecho en la vida. Tenemos que meditar y ver qué aspectos de nuestra vida, de nuestro corazón nos han endurecido y nos hacen insensibles a los dones del Señor, para que una vez detectado trabajemos por ablandar esa tierra, perdonando, cediendo, tendiendo la mano y haciendo que esa semilla penetre y de lo que tanto deseamos.


Tierra mezclada con piedras.


Es una tierra en donde la semilla se queda en la tierra, pero no permite profundizar por los obstáculos de las piedras. Igual que en el camino, debemos meditar si hay piedras que impidan que brote bien enraizada la planta. Muchas veces tenemos buenas intenciones y propósitos, pero la falta de fe, de esperanza, de caridad, ante el miedo, la desconfianza, o los distintos problemas en seguida se seca la intención y llegamos a creer que es imposible lograr aquello que nos pide el Señor, y seguimos sin esperar ni trabajar porque el racionalismo o materialismo queman la planta.


Tierra entre zarzas.


Es una tierra que está mezclada entre malas hierbas que también se alimentan de la tierra, y que roba el espacio y los nutrientes a la semilla buena. Aquí podemos profundizar en las pasiones que cada uno tiene, hasta que punto la soberbia, la ira, el orgullo, el egoísmo o el mundo ahogan el deseo de perfección que Dios siembra en el corazón.


Tierra buena.


Es una tierra limpia, ablandada y preparada para la siembra. Es una tierra abonada con la oración de cada uno, el sacrificio personal, con la entrega diaria, esperando que todo el sacrificio aunque tarde dará los frutos deseados.

Dios nos da la semilla, el agua, la misma tierra, ahora nos toca a nosotros tenerla lista para que todo florezca.


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