15 de Mayo 2020. El ciego Bartimeo.

Actualizado: may 16


Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo –Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino.

Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!».

Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!».

Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Animo, levántate! El te llama».

Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.

Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?. El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver».

Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.



¿Qué quieres que haga por ti?



Si Dios me dijera : ¿Qué quieres que haga por ti? ¿Qué diría? ¿Qué pediría?


Estoy seguro que tenemos muchas cosas que pedirle al Señor, salud, trabajo, paz, seguridad, no sólo para mí, sino para tanta gente que vive junto a mí.

Y aunque pedimos continuamente, en ocasiones pedimos a ver si el Señor nos tiene misericordia y nos concede aquello que deseamos, pero ¿cuánto insistimos?

Al contemplar el evangelio del ciego Bartimeo, me sorprende que el Señor le haya concedido la vista, haya atendido su oración.

Habría muchos ciegos, lisiados, pero fue Bartiemo el que logró el milagro del Señor.

Bartimeo algo habría escuchado de Jesús, tal vez que era un profeta, que hacía milagros, que predicaba el Reino de Dios, pero nunca se imaginó que Jesús cruzaría por su vida.


Estaba sentado por alguna de las calles de Jericó, pidiendo ayuda, sin saber, que pasaba a su alrededor; escucha muchas voces, siente un tumulto de gente y no sabe que pasa y pregunta; le dicen que es Jesús de Nazareth que pasaba por ahí.

Él no ve, y se pone a gritar, Jesús hijo de David, ten piedad de mí. No sabe si está lejos o cerca, no ve si el maestro le escucha o su voz es ahogada por los gritos de la gente, inclusive la gente le pide que calle, pero él con más fuerza sigue gritando.

Jesús ante la petición de Bartimeo se detiene, por no va a buscarlo, no se acerca a él, sino que le manda decir: que venga.

Cada milagro es distinto, y en cada uno de ellos hay una enseñanza; pero ¿cómo le pide a un ciego que venga si no ve? Jesús le dice a alguno de los discípulos que vaya a buscarlo.

Para Bartimeo no es fácil, ¡no lo ve!, sólo sabe que alguien le dice que el Maestro le llama, y él, dejando lo que tenía, se incorpora y se deja guiar. No sabe si está lejos o no, si falta mucho o no, sólo sabe que le llama y él tiene que ir a ciegas buscando a Jesús.

Ya delante de él, Jesús le pregunta: ¿qué quieres que haga por ti?

¡Señor que vea!, responde Bartimeo y Jesús le dice: ¡ve!

Muchas veces más que pedir, ante el Señor nos quejamos de las dificultades, de los problemas, de lo duro que es la vida, de lo difícil que se me hace todo, y sin embargo puede ser que se nos pase pedir lo fundamental, lo que realmente necesito.

Jesús le regaló la vista, no sólo recobró la vista física sino que se encontró con Dios y desde ese momento le seguía por el camino.

Lo primero que ve Bartimeo es a Jesús, y eso bastó para nunca más dejarlo.

Debemos insistir en nuestra oración, sabiendo que el Señor siempre anda cerca de nosotros y que si somos constantes nos mandará llamar para que podamos seguirlo por el camino.









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