11 de junio 2020. El reino de los cielos.

Actualizado: jun 14


Evangelio según San Mateo 10,7-13.

Jesús dijo a sus apóstoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente." No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.


Proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.


Jesús hace un primer envío a los pueblos y ciudades de Israel, los manda de dos en dos, y el mensaje es el mismo que el de la resurrección. El reino está cerca.

Les da poderes extraordinarios, nadie nunca había recibido ese poder, de expulsar o someter demonios, de sanar a leprosos, de resucitar a muertos, pero esto es accesorio, lo verdaderamente importante es anunciar el reino.


¿Qué significa el "reino de los cielos?

Jesús no se preocupa en explicarlo. Lo enuncia desde el inicio de su evangelio: «El reino de los cielos está cerca»; también hoy está cerca en medio de nosotros , sin embargo jamás lo hace ver directamente, sino siempre por reflejo, narrando el actuar de un propietario, de un rey, de diez vírgenes… Prefiere dejarlo intuir, con parábolas y semejanzas, manifestando sobre todo los efectos: el reino de los cielos es capaz de cambiar el mundo, como la levadura oculta en la masa; es pequeño y humilde como un grano de mostaza, que sin embargo se volverá grande como un árbol. Las dos parábolas sobre las cuales queremos reflexionar nos hacen entender que el reino de Dios se hace presente en la persona misma de Jesús. Es Él el tesoro escondido y la perla de gran valor. Se entiende la alegría del campesino y del comerciante: ¡lo han encontrado! Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma la existencia y nos abre a las exigencias de los hermanos; una presencia que invita a acoger toda otra presencia, también aquella del extranjero y del inmigrante. Es una presencia acogedora, alegre, fecunda, así es el reino de Dios dentro de nosotros.


El reino de los cielos es vivir en el cielo, aquí en la tierra, donde reina la fe, la esperanza, la paz, donde se encuentra el porqué y el para qué de la vida, y es una experiencia que cada uno debe hacer, porque para cada uno es distinta.

Vivir el reino de los cielos es vivir las bienaventuranzas, la presencia, la gloria, donde todo me lleva a Dios y me habla de Dios, y donde su presencia y su amor.

No es posible anunciar ese reino si no se vive; no puede dar esperanza el que no la tiene, no puede ayudar a los demás si antes no se ha experimentado la fuerza, la gracia, la paz de Dios.

Ya depende de cada uno de nosotros vivir ese reino, de nuestra fe y nuestra entrega, dejando al Espíritu Santo vivir y actuar en nuestra vida, y pudiéndolo comunicar a todos los que nos rodean.




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