10 de Mayo 2020.


Evangelio Según San Mateo, 15; 21




Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.

Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».

Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».

Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».

Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».

Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada..


La mujer pagana.


En los milagros que nos narran los evangelios, podemos observar que hay elementos comunes en casi todos ellos, sea para el que pide el milagro, o para alguien por intercesión del que lo pide.

Sin embargo, en el milagro concedido a la mujer sirofenicia, narrado por san Mateo, me parece que es la única petición de ayuda que Jesús se niega a conceder.

Jesús se encuentra entre Tiro y Sidón ( el actual Líbano), tierra pagana, donde probablemente Jesús se retiró a descansar. Poblado por el pueblo cananeo, adoraban otros dioses y para los judíos era un pueblo maldito, rechazado por Yahvé. Una mujer cananea, se entera que un profeta los visitaba, y que hacía milagros. Ella, que tenía una hija poseída, se acerca y no duda en gritar a Jesús que le ayude.


Sin embargo, Jesús no le responde, sigue adelante, y ella, detrás seguía gritando, sin obtener respuesta.

Los discípulos, tal vez por evitar el escándalo, le piden que la atienda pero Jesús se niega: "he sido enviado a las ovejas de Israel" y no se detiene a escucharla.

Siguen adelante, hasta que la mujer llega y se postra a sus pies suplicando su ayuda.

Jesús se vuelve a negar, y le dice unas palabras muy duras,

"No está bien tomar el pan de los hijos, para echárselo a los perros". ( Para los judíos, los que no pertenecían al pueblo de Yahvé, eran llamados perros)

Ella postrada, vuelve a suplicar: "También los perros comen las migajas que caen de la mesa".

Veamos la secuencia de los hechos:

  • Una mujer se acerca suplicando ayuda para su hija

  • Jesús no responde, sigue adelante

  • La mujer insiste a gritos detrás de Jesús

  • Los discípulos interceden para que se calle

  • Jesús se niega nuevamente

  • La mujer, se postra y suplica su ayuda

  • Jesús se niega por tercera vez, porque no es judía

  • Ella insiste: "también los perros comen de lo que no aprovechan los hijos".

Esta secuencia de hechos nos hace comprender cómo podemos lograr del Señor su ayuda poderosa: Fe, constancia y humildad.


Ahora meditemos, cuando pedimos algo ¿es con esa insistencia?, ¿ me postro sabiendo que no lo merezco, pero apelando a su bondad?, ¿insisto, aunque no reciba respuesta?


Jesús alaba la fe de la mujer, y por su fe, Jesús le concede el milagro.

Si a esta mujer, Jesús le concede el milagro, sin ser del pueblo elegido, ¿qué no será capaz de darnos a nosotros que somos sus hijos?

Pero esto se realiza si vivimos estas tres virtudes, entonces el Señor no podrá negarse a concedernos lo que suplicamos.








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