1 de julio 2020.

Actualizado: jul 2



Libro de Amós 5,14-15.21-24.

Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida, y así el Señor, Dios de los ejércitos, estará con ustedes, como ustedes dicen. Aborrezcan el mal, amen el bien, y hagan triunfar el derecho en la Puerta: tal vez el Señor, Dios de los ejércitos, tenga piedad del resto de José. Yo aborrezco, desprecio sus fiestas, y me repugnan sus asambleas. Cuando ustedes me ofrecen holocaustos, no me complazco en sus ofrendas ni miro sus sacrificios de terneros cebados. Aleja de mí el bullicio de tus cantos, no quiero oír el sonido de tus arpas. Que el derecho corra como el agua, y la justicia como un torrente inagotable.


Aborrezcan el mal, amen el bien.


Los clásicos decían que el bien no se puede definir, sino sólo describir, como «lo que conviene a una cosa». Lo conveniente es lo que da perfección y, por tanto, ni puede ser nocivo, ni indiferente.

Muchas veces nos perdemos en normas, conceptos y definiciones que nos confunden, pero el bien es lo que perfecciona, el mal es lo que destruye, sea una cosa, persona o a nosotros mismos.

El bien es un valor absoluto, nunca es relativo, es objetivo como principio, aunque según cada uno y de acuerdo a su carácter, temperamento o historia puede ser desdibujado, pero nunca cambia su esencia.


En la lectura del libro de Amós, la indicación es clara, buscar el bien, nunca el mal; lo que más nos acerca a Dios, que es el bien absoluto de actuar con este principio, y es el bien lo que nos dará la vida, la paz y la bendición de Dios en cada cosa que hacemos.

Buscar el bien nos lleva a la justicia, a la verdad como camino seguro de encontrar la realización personal que da sentido a la vida.


Algunas personas separan su relación con Dios y con los hombres, como si no tuvieran nada que ver, sin embargo, como dice el apóstol Santiago, como dices que amas a Dios al que no ves, si no amas a tu hermano al que ves. Está íntimamente relacionado, cada acto bueno me une a Dios, cada acto malo, me separa de Él. De nada sirven los sacrificios, oraciones, festejos litúrgicos, si luego no seguimos los mandamientos de aquel al oramos o festejamos.

Amar a Dios es hacer el bien. ¿Queremos saber cuánto amamos a Dios? Es muy simple la respuesta, si cumplo sus mandatos , consejos y los aplicamos en la vida y en la de los demás estaremos haciendo el bien , sino nos estamos engañando.

Cada uno puede darse cuenta que tanto agrada con su vida a Dios y que tan cerca está de Él, basta analizar nuestras obras, ahí está la respuesta.

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