1 de agosto. 1 Corintios 13

Actualizado: ago 14


"Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.

La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.

La caridad no acaba nunca.


La caridad no acaba nunca.


Aunque el Espíritu Santo es soberano al conceder los dones, tenemos el derecho a pedirle a Dios el don que deseemos, deseando intensamente los dones mejores.

Pero pedir el don del amor, es un don muy especial es el don del amor de Dios en nuestros corazones, por lo tanto no es un afecto o sentimiento más o menos intenso, el verdadero amor lo describe San Pablo, ¿cuántas veces he pedido o buscado este don?, tal vez ni siquiera aspiro a él porque no lo sabía.


Inicia diciendo que el amor es sufrido, eso quiere decir que es paciente y amable. El amor resulta imposible sin la bondad. este tipo de amor, no se enoja, no lamenta, no tiene cabida con ningún deseo o pasión, es el mismo amor con el que nos ama Dios. El amor sin bondad es como una primavera sin flores, un fuego sin calor. Es un amor que espera, acompaña, calla y sufre cuando no es correspondido, pero acepta todo por la persona amada. Es un amor que no piensa, nunca se busca, su alegría y realización es que los otros sean felices.


Dice además aquí, el amor no tiene envidia. Es decir, se conforma con lo que tiene. Todos sabemos que la vida en el día de hoy está llena de desigualdades. Algunas personas son ricas, tienen muchísimos recursos y, a veces algunos creyentes dicen: "¿Por qué Dios bendice a esa persona con tanta riqueza y no me da algo a mí?" Bueno, el amor reconoce que existen desigualdades y las acepta, se muestra satisfecho con lo que tiene. Cuando amo a alguien me alegro por lo que tiene o ha logrado, aunque yo no lo tenga.

Ahora, leemos aquí que el amor no es jactancioso. O sea que, no hace alarde ni ostentación de sí mismo. Nunca presume, no se cree superior porque reconoce que lo que es, es gracias a Dios.

El amor no se envanece, no es arrogante, es decir no es ni vanidoso, ni se siente superior, ni hace alarde o menosprecia nadie, ve a todos por igual, inclusive descubriendo las limitaciones o defectos de los otros, trata que ellos los corrijan, que lo superen y hace todo lo posible porque este amor quiere siempre el bien de los demás.

"No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor"

El amor no busca lo suyo. Es decir que trata de averiguar sobre los motivos. Y se pregunta: ¿Por qué estoy haciendo esto? Debiéramos examinarnos a nosotros mismos, investigando nuestros propios motivos. ¿Lo estoy haciendo por amor a Cristo? Eso es lo importante. Ése es el secreto de nuestro servicio.

También vemos que el amor no se irrita. O sea que, no tiene un mal temperamento. El ser provocado es el vicio de los virtuosos. Y parece que ése es el defecto de muchos de nosotros en la actualidad.

El amor todo lo sufre. Le lastima el dolor ajeno, y todo ese dolor sea personal o de los suyos lo aguanta, todo por amor, dispuesto siempre a creer y confiar, dando todas las oportunidades necesarias, sin contabilizar los errores y fallos que los otros puedan cometer.

Quien logra este don, puede lograr lo que sea, porque amará a Dios y a los demás con el mismo amor que Él nos tiene.


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